SOCIEDAD HOMOSEXUAL COMO CONTROL POBLACIONAL

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Lamentablemente es indudable que mi artículo escrito en noviembre de 2003, pese al descreimiento de muchos, terminó siendo hoy una realidad palpable.
Decía yo hace más de 15 años:
Población en retroceso:
A fines del siglo XIX, como para establecer una época aproximada, políticos y economistas ya tenían claro los beneficios de la industrialización en cuanto a las ventajas productivas y comerciales para dominar mercados en zonas de altas concentraciones urbanas.

El incremento en la producción de bienes y servicios, a la par de generar un amontonamiento de mano de obra asalariada en las áreas fabriles, lo que para productores y obreros constituía un negocio bastante seguro a través de mejores condiciones económicas, dado que no quedaban librados al azar de los factores climáticos, fue un factor determinante en el crecimiento poblacional desproporcionado en las ciudades y promovió un abandono progresivo de las áreas rurales, básicamente productoras de alimentos y materias primas.
Poco importaba preocuparse, en aquel entonces, por situaciones potenciales que estaban demasiado lejanas en el tiempo, como la progresiva demanda de una creciente población mundial, la consigna del momento era apoderarse de las riquezas del subsuelo, producir y ganar mucho dinero; cosa que otorgaba la dosis de poder necesaria para conducir los destinos del mundo conocido.
Un visionario como Tomás Malthus anunció en 1803 que, en la medida en que se mantuviera ese ritmo, se llegaría a un momento en que faltarían los alimentos. Expresaba que la población mundial crecía en progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia lo hacían en progresión aritmética. Además también se agotarían el agua potable y las reservas de materias primas.
El descubrimiento de los hidrocarburos dio un nuevo impulso a este proceso que, ya en el siglo XX, desbordó toda expectativa en lo que concierne a la transformación de los medios de producción, al despilfarro de recursos naturales no renovables y a la indisimulada contaminación ambiental.
Así empezaron a desarrollarse vertiginosamente muchas ciudades aledañas a los centros fabriles, las que para poder albergar a sus habitantes crecieron verticalmente, por varias razones; una de ellas fue la de ocupar menor cantidad de espacios que estaban destinados a otros menesteres y otra la de ahorrar insumos en la construcción, ya que con pocos satisfacían las necesidades de mucha gente y por ende era más sencillo abastecer los servicios básicos. Lo opuesto al campo, donde proveer de éstos a pocas familias implicaba un gasto enorme.
Históricamente, el hemisferio norte, por haber sido el centro del pensamiento científico y artístico, fue el que se desarrolló en detrimento del hemisferio sur, el cual, desde época inmemorial, fue colonizado y mantenido como reserva para surtir al primero de materias primas y eventualmente de mano de obra barata (originalmente esclavos); estas condiciones se han mantenido casi inalterables hasta nuestros días.
Lo cierto es que los esquemas de dominación han ido variando según las necesidades del momento, y las luchas por las nacionalidades del siglo XIX, una centuria después acabaron siendo simples aventuras de nobles y osados idealistas, cuyos legados sucumbieron ante el avance arrollador de la llamada <regionalización económica> o <globalización>, aunque en realidad no es otra cosa que una “neo colonización” disimulada tras el replanteo de la división internacional del trabajo.
Así, cada centro de poder económico amplió su propio espacio geográfico de poder para negociar con los otros en condiciones más equitativas y obtener sus consabidos beneficios, que poco tienen que ver con el <estado de bienestar> de cada porción de humanidad recluida en ellos.
Son los modernos “guetos”, rodeados de invisibles redes electrónicas a través de las cuales el Poder ausculta permanentemente cualquier atisbo de rebelión contra este <estado de opresión> agobiante, ya sea para neutralizarlo o reprimirlo y silenciarlo rápidamente.
No obstante, seguía pendiente el gran problema que <el Poder> tenía que resolver, que no era otro que aquel que hacía casi dos siglos planteara el visionario Malthus: ¿qué hacer con una población creciente en un planeta al cual se le están agotando sus reservas?.
Aquí comenzaron a surgir ideas de todo tipo y calibre, las que necesariamente debían arribar a una solución: <la disminución progresiva del crecimiento de población mundial para evitar el colapso>. No obstante, «el Poder» tendría la ecuación resuelta, porque aunque a menor población = menor consumo, produciendo menos y elevando los precios les cierran adecuadamente los números.
Los exegetas del pensamiento maltusiano echaron algunas propuestas, siempre basadas en consideración a los espacios ocupados y a aquellos que podían ocuparse según las ventajas económicas y su posible renta, aunque no hicieron mención de revertir las condiciones de inhabitabilidad de muchos millones de kilómetros cuadrados de desiertos o zonas menos accesibles para justificar inversiones. El problema era y sigue siendo la renta. 
Algunos pensaron que una de las soluciones eran las guerras, a través de las cuales se eliminaban rápidamente algunos millones de seres humanos, pero que también era negocio por la incorporación de espacios potencialmente rentables, por la conversión de la industria de paz en bélica con la consecuente creación masiva de empleo, etc.
Otros consideraron que era bastante difícil sostener estas verdaderas masacres sin tener que pagar a la larga un alto costo político, por lo que se les ocurrió que otra forma podría ser la difusión de enfermedades, (naturales o creadas en laboratorios), tales como cólera, tuberculosis, etc., por ello es frecuente ver como reaparecen algunas epidemias devastadoras, no por casualidad,  en países catalogados como en vías de desarrollo.                                                                                  
Conjuntamente con esto,  como fueron muchos los seres humanos que no se avinieron a <la planificación familiar> para tener menos hijos, (especialmente en el tercer mundo), relanzaron las enfermedades sociales que estaban poco difundidas, y se dio un nuevo impulso a la prostitución y al consumo masivo de tabaco, de alcohol y de drogas, por supuesto, con enormes beneficios económicos.
NOTA: NO OLVIDAR QUE EL TRAFICO DE ARMAS Y DE DROGAS VAN DE LA MANO E IMPLICAN CIENTOS DE MILES DE MILLONES DE DÓLARES DE GANANCIA ANUALES PARA QUIENES DETENTAN <PODER>.
Aun así, las cosas no aparentaban ir por los carriles deseados entonces, a partir de la inestimable presión de los medios masivos de comunicación a principios de los setentas, lanzaron el operativo <UNISEX>.
De qué se trata esto, pues simplemente de llevar paulatinamente a las masas hacia la homosexualidad, a través del mensaje permanente de la igualdad del hombre y la mujer. Empezaron por la ropa, siguieron por el lenguaje, continuaron por los usos y costumbres, el trabajo, el hogar, la crianza de los hijos, y así sucesivamente.
A todo este pandemonio se sumaron, en los últimos años, la legalización de los matrimonios civiles entre personas del mismo sexo y la autorización legal para adoptar niños y criarlos como si constituyesen una verdadera familia, donde no se sabe bien quién es quién.
La destrucción de la familia como célula madre de la comunidad, tan ¿ardorosamente defendida? por algunas religiones, es actualmente un hecho real y concreto.
Una acción psicológica sostenida ha ido corroyendo la diferencia natural existente entre la mujer del hombre, bajo la infame excusa de la igualdad. Tener los mismos derechos, oportunidades y/o posibilidades  NO SIGNIFICA SER IGUALES. Ser diferentes es lo que ha mantenido el equilibrio desde el inicio mismo de la humanidad. La homosexualidad impide de hecho la reproducción y tarde o temprano nos aniquilará masivamente.
Pero aún faltaba la cereza del postre, que no es otra que la apología de todo tipo de relaciones promiscuas, donde la sexualidad responsable ha pasado a ser un error que desmotiva una sana unión entre el hombre y la mujer y es reemplazada por una mera satisfacción libidinosa y desinhibida.
Por supuesto que el Estado hipócrita y algunas ONG que anuncian su preocupación por las enfermedades de trasmisión sexual, hacen muy poco por revertir esta situación, limitándose a utilizar algunos de los mismos medios de difusión que promueven esta decadencia para instar a los jóvenes a usar preservativos, no tener relaciones con desconocidos y drogarse utilizando jeringas desechables. La consigna de la época es “está todo bien”, “viví el día… que mañana no se sabe” (¿será que el futuro no existe?).
Al decir de Kierkegaard, en su “Tratado de la desesperación”, la sensualidad termina sepultando a la espiritualidad; todos quieren vivir en el subsuelo de la casa con el afán de gozar de las bajas pasiones potenciadas desde los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión por cable e Internet, y terminar renunciando a la construcción de una vida llena de oportunidades para todos y donde cada uno cumpla su rol.
La modernidad es abandonarse a todo tipo de excesos, triturando la escala de valores que sostiene y determina la fortaleza e identidad de una comunidad. Hoy se habla cada vez menos de él o ella, de papá o mamá, de criar hijos y educarlos sobre la base de valores sociales que deberían ser eternos, como la lealtad, la dignidad, la solidaridad, la honestidad, etc.
Desde el principio de los tiempos hubo seres humanos naturalmente fuertes o débiles, sanos o enfermos, y todos convivieron de acuerdo a sus necesidades y posibilidades, perduró la familia, y la misma sociedad a través de su contrato político se ordenó y buscó el equilibrio.
¿Qué pasa hoy que no somos capaces de encontrar las respuestas a nuestras crisis en la misma historia de la humanidad? ¿Será que nos resulta más cómodo insertarnos en el anonimato de la masa que se mueve sin pensar y al compás de los medios degeneradores de opinión?
Nos han enfermado ex profeso para dividirnos y neutralizarnos como comunidad, y tengamos cuidado con quien ose querer sacarnos del error, porque lo deberemos ver y tratar como al peor enemigo. No hay que pensar, no hay que crear ni descubrir, sólo disfrutar de la migaja espuria que el Poder nos ha tirado para que nos alimentemos del germen de nuestra propia destrucción.”   
Ahora bien, ¿qué se ha agregado a esta situación obscena en los últimos años?
La repugnante demagogia de los gobernantes que con tal de sostenerse en la cresta de la popularidad naturalizan estas cuestiones aberrantes, exponiéndolas como una normalidad del devenir social; i.e. el matrimonio igualitario; la adopción de menores por parte de estas ¿parejas?; la exacerbación de los conflictos entre hombres y mujeres resaltando esencialmente la violencia masculina con la victimista nueva figura penal del «femicidio»; el homicidio agravado por el vínculo en concurso premeditado con terceros interesados, llamado «aborto legal, seguro y gratuito» con costo al erario público; el veganismo que atenta contra la salud física, mental y reproductiva; el feminismo, etc., etc.
Todo lo citado es adecuadamente difundido por la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio que recibe los dineros de los contribuyentes bajo la mentada pauta oficial y de los empresarios privados constituyendo la gran torta mediática.
Tampoco debemos olvidar que estos mismos medios son los que aviesamente plasman en sus portadas la resaca de quienes se dicen famosos contribuyendo al proxenetismo mediático, especialmente con mujeres que dicen formar parte del colectivo feminista.
Gobiernos demagógicos, Justicia idiota, Congreso inepto, prensa codiciosa, organizaciones sociales ad hoc y partidos políticos en busca de votos para asaltar el poder, se regodean cual piaras en las heces de la porqueriza.
A este verdadero pandemonio se ha agregado/impuesto desde hace algunos años la Educación Sexual Integral en las escuelas primarias y secundarias, por supuesto delegada ésta en personajillos afiliados a sindicatos docentes que públicamente se han manifestado a favor del aborto y de las relaciones promiscuas en honor a las libertades individuales.
En síntesis, el progresismo de promocionar el sexo recreativo mas no el reproductivo.  
“El progreso es obra de minorías ilustradas y atrevidas”, escribía José Ingenieros; pero el progresismo es producto de minorías extravagantes que en su afán de acceder al minuto de fama son capaces de pararse de manos sobre la misma muerte para disputar espacios de poder.
El Estado debe velar por la protección de toda la ciudadanía, en cumplimiento del precepto constitucional que establece la igualdad ante la ley – «Art. 16.- La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.»
Pero ¿de qué ley fundamental saca el Estado nacional la noción de la súper protección de estas minorías proclives a obrar por fuera del derecho?; ¿de dónde el empeño de darles crédito auspiciando por comisión y/u omisión cuestiones que, más allá de los dogmas religiosos vigentes, resultan a todas luces inmorales y repudiables para la inmensa mayoría de la población?
Proteger a las minorías de los agravios de las mayorías es correcto y es legal, pero coadyuvar con fines políticos a apologizar sus morbosas excentricidades es absolutamente repugnante.
Se participe del dogma religioso o de la teoría darwiniana de la evolución, lo cierto es que – desde el principio de los tiempos -, en todo el reino animal, del cual formamos parte indisoluble, hubo machos y hembras, y fue de su conjunción que se desarrollaron las especies, con alguna insignificante excepción de los hermafroditas, que en los humanos no suele darse naturalmente aunque sí artificialmente en los últimos años merced a la medicina clientelista.
La homosexualidad y el lesbianismo han existido a través de la historia y en todo el planeta. Efebos, eunucos, proxenetas, sodomitas, lesbianas, y demás alteraciones sicológicas en la conducta humana hubo desde el principio de las sociedades, y se agudizaban en los centros imperiales más importantes de la historia, como Atenas, Roma, Egipto, etc.
Cuenta el historiador Jenofonte en su obra «Anábasis», refiriéndose a Menón de Farsalo (423 – 400 a.C.) «Así cuando todavía era un guapo muchacho, obtuvo de Aristipo que lo hiciese general de las tropas extranjeras. Y con el bárbaro Arieo, que gustaba de los bellos muchachos, estuvo también en la mayor intimidad durante sus años juveniles, y él mismo, cuando aún no tenía pelo de barba, tuvo estrechas relaciones con Taripas, que ya era mayor».
En otro párrafo refiere a ciertas costumbres de otros pueblos de la región expresando: «Estos bárbaros pretendían unirse (fornicar) delante de todo el mundo con las mujeres que acompañaban a los griegos; era la costumbre del país. Todos, hombres y mujeres, tenían la piel blanca. Decían los soldados que éstos eran los seres más bárbaros que habían encontrado a lo largo de la expedición, los más alejados de las costumbres helénicas. Hacían (fornicaban) delante de la multitud lo que otros harían a escondidas y cuando estaban solos se comportaban como si estuviesen en compañía. Se hablaban a sí mismos y se reían solos. Se detenían en cualquier parte para danzar.» («Anábasis» – Jenofonte 430-354 a.C.)
Nota: Recomiendo a mis lectores la lectura de la obra de Cayo Tranquilo Suetonio «Vida de los Doce Césares» escrita en el Siglo I de nuestra era; especialmente los capítulos referidos a Tiberio y Calígula.
Hoy los denominados países centrales, especialmente Estados Unidos de Norteamérica y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, exportan en los contenidos de sus películas y series televisivas las relaciones homosexuales, swingers, poli-amorosas, etc., como los desechos contaminantes que no deben infectar a sus sociedades.
Seguramente después los medios noticiosos se llenan con cuestiones como la muerte dudosa de Natacha tal, o la presunta violación o abuso de Thelma cual, o el femicidio de fulanita o la desaparición de menganita, o el linchamiento de perengano que estaba dándose autosatisfacción en un transporte en la vía pública; todo ello debidamente relatado y detallado para que la turba de onanistas de ambos sexos degusten febrilmente su lectoescritura.
Quede claro que toda esta basura es promovida por aquellos países que buscan preservar su cultura y su desarrollo social sin sobresaltos, exportando al tercer mundo y/u otros países «molestos» el germen de la destrucción de sus sociedades.
No pasarán muchas décadas para que el agua potable y los alimentos sólo alcancen para algunos cientos de millones de seres humanos, entre los cuales difícilmente nos encontremos nosotros.
Tanta ciencia y tecnología creada y/o descubierta por sendos especialistas cooptados al resto del mundo, parece mentira que no hayan descubierto una forma menos indigna de controlar el crecimiento poblacional.
«Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco.» (Mark Twain – 1835-1910)
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