LIMBO JUDICIAL = TRAMOYA ELECTORAL

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A esta distancia del 10 de diciembre de 2015 y de los pasos de cangrejo que viene dando la nunca mejor definida justicia argentina, i.e. paquidérmica; todavía no queda muy claro quién fantasea más, si el propio presidente o el juez más popular.
Hasta el estudiante de abogacía menos avisado sabe que la unificación de causas judiciales puede ser una solución cuando se está hablando acumular penas, pero un dolor de cabeza cuando se trata de delitos distintos que antojadizamente se quieren amuchar para lograr una presunta condena ejemplar.

Esta ralentización, que no aparece como tal cuando de primicia periodística se trata, acaba dejando en posibilidad de competir en las presidenciales de 2019 a la exitosa abogada; y en la mente de Macri qué, tenerla como contrincante en las elecciones, le dará la posibilidad de ganar y de darle el golpe de gracia antes de que CFK pueda convertirse en una exitosa condenada, si es que realmente lo es.
Al adocenado ex vicepresidente Boudou, ya le bajaron el martillo y, aunque apele (como su ex colega del Senado, el delincuente de Anillaco), es probable que tenga que digerir un largo tiempo detrás de los barrotes, aunque la pasan muchísimo mejor que los represores de la última dictadura condenados.
Contra la exitosa abogada presuntamente tendrían – en algunas de las causas – plenas pruebas de las ilegalidades cometidas, pero parece que los fiscales, en lugar de abocarse a acelerar la llegada a juicio oral y público, recorren el rentista arco político televisivo intentando restaurar la imagen de una justicia corrompida, feble, inoperante y en franca decadencia, aún en manos de muchos de los amanuenses del proceso K que pululan por los pasillos de Comodoro Py y por la Corte Suprema; pero, eso sí, buscando renovar sus propias imágenes ante una sociedad que descree de estos lenguaraces.
Escuchar al fiscal Moldes – en el canal dominante del grupo mediático del muñequito acarminado – eyectando heces contra el kirchnerismo y sus secuaces, no suena muy bien en boca de un pretendido justiciero que debe ser ecuánime a la hora de acusar. Parece que este muchacho quiere que algún K lo recuse e irse a su casa a meterse bajo el catre.
Decir que la justicia en nuestro país es flemática, no sólo se ha convertido en una verdad ineluctable, sino que además ha favorecido la lentificación de todos los procesos donde se hallan involucrados funcionarios y/o ex funcionarios del Estado.
El funcionariado del poder judicial – en toda la geografía nacional – no ha estado dispuesto a poner su máximo empeño en llegar a la verdad de los hechos que deben juzgar, y si lo han llevado a cabo, lo más importante de las causas ha pasado por la trituradora de papel. Uno de los motivos posibles de tal situación, bien puede ser la inseguridad de que algún subterfugio legal termine licuando más de una causa y los acusados vuelvan al ruedo político y, por qué no, al gobierno.
No hay más que observar lo acontecido con el delincuente de Anillaco, quien reptó durante dos décadas apelando y la causa del contrabando de armas terminó prescribiendo, lo que le garantiza hoy la continuidad durante los próximos años en el Senado.
Es tal la cadena de favores y la red tejida en esta urdimbre de corrupción, que hasta los mismos legisladores nacionales han colaborado incluyendo en el código de procedimientos en lo penal, los artilugios legales para que todo resulte más lento y tedioso, i.e. “olvidable”. Y la CSJN con tortícolis mirando hacia otro lado.
Pero como decía mi abuelo, seguramente tomando la impronta del organillero, con su latiguillo: “por la plata baila el mono”.
Esta es un poco la imagen de nuestros politicastros, que han sometido la buena política al botín de la economía. Como afirmaba Schmitt: “Cuando entramos en el reinado de la economía, ya sólo importa la producción y la distribución de las riquezas. Las cuestiones morales y sociales no tienen ya defensores…(1)
Es así que los burócratas, legisladores y justicieros, esperan una renta directamente proporcional a la importancia de la mejor decisión requerida por el ocasional coimero. Si de cohechadores hablamos hay muchos; todos dispuestos a “invertir” para obtener lo que desean, i.e. ‘que baile el mono’.  
Desde época inmemorial la codicia y el dinero compraron voluntades y conciencias; grandes traiciones se consumaron porque algunos ambiciosos cayeron en la tentación.
Sin dudas que el hábil político francés Joseph Fouché (1759-1820) fue el que pintó en el lienzo de la realidad la subordinación de los principios morales a la economía de bolsillo. De esto saben y mucho el ex juez Melazo (o melaza, por lo pegajosa) y su banda platense; el enriquecido ex camarista Freiler; el ex juez Oyarbide; el ex ministrio de la CSJN y sarasa locador de prostíbulos Zaffaroni; el recuperador de memoria justiciera fiscal Delgado; y la runfla de secretarios, fiscales, defensores, jueces, camaristas y ministros que han hecho la vista gorda durante décadas ignorando exprofeso el daño que se le propinaba a la ciudadanía y a las instituciones de la república por parte de tantos politicastros, economistas, legisladores, empresarios, sindicalistas, religiosos y periodistas.
La justicia está en manos de una corporación que se halla dentro del perverso espectro corporativo que domina el escenario nacional, pero lo que la diferencia del resto de las corporaciones que pugnan por apropiarse de los espacios de poder, es que es la encargada de administrar JUSTICIA, último recurso social pacífico para la solución de toda controversia.  
Si la ciudadanía perdiera definitivamente la confianza en este último recurso, sólo le quedaría refugiarse en la ‘esperanza cristiana’ de un futuro mejor y de difícil aliento o ponerse a luchar para restablecer los valores avasallados por los magistrados
Desde los históricos acontecimientos del 3 de febrero de 1852 y su correlato con los hechos concretados a partir de la falsamente llamada ‘organización nacional’ – impuesta por los vencedores de Caseros -, jamás las estructuras judiciales creadas por la Constitución Nacional, dieron muestra fehaciente de observar un derrotero más o menos justiciero.
En alguna oportunidad apareció algún fallo publicado por la prensa mercenaria de manera estridente como para inducir a engaño a la ciudadanía respecto a lo incólume de nuestro sistema judicial.
Indubitablemente, nuestro poder judicial está atado al poder legislativo en cuanto a la normativa legal disponible, pero – y lo que es peor – atado al poder ejecutivo para adaptar el derecho público a las necesidades del gobierno de turno. Lo hemos visto tanto en los gobiernos constitucionales como en los de facto.
Y si a este envenenamiento de la ecuanimidad; a este vil recargo del platillo de la balanza justiciera que convenga según la leche del día; a este corrimiento de la venda de doña Justa para juzgar según el patronímico y no según la falta cometida; le agregamos que el propio gobierno ha abdicado de sus responsabilidades en favor del grupo de poder dominante, i.e. la corporación económica (doméstica y foránea asociadas), que ha sometido al resto de las corporaciones en boga – política, empresarial, sindical, eclesial y periodística -, a su arbitrio, podemos afirmar que el sillón de Rivadavia es la cáncana en la que han sentado al pastor Mauricio para que nuestro país se vuelva a convertir en un caño de drenaje de divisas al exterior para devolver los dólares a quienes «blanquearon sus dineros dudosamente habidos» cuando asumió este gobierno.
Esto es algo parecido a la famosa triangulación en la venta de armas en el affaire Irán-Contras, para evitar que trascienda el verdadero beneficiario, tal como ocurrió durante el gobierno de Reagan. O la venta de armas que concretó Menem a Croacia estando ésta embargada por Resolución N° 713/1991 (punto 6) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y a Ecuador para hacer la guerra a Perú, cuando la Argentina era garante del Protocolo de Río de Janeiro de 1942 por la paz entre Ecuador y Perú.
Como los sucesivos gobiernos republicanos estadounidenses ya habían hecho de las suyas, Bush (padre) usó a Menem para armar a los croatas contra los serbios y despegarse de otro Irangate. El riojano hizo ¿plan canje? y para disimular la desaparición de importante armamento de las unidades del Ejército Argentino, se dieron una serie de hechos concatenados como el asesinato del soldado Omar Carrasco en marzo de 1994 en instalaciones del Grupo de Artillería 16 de Zapala (Neuquén) condenando – juicio trucho por medio – al Subteniente Ignacio Canevaro y a los soldados conscriptos Cristian Suárez y Víctor Salazar por homicidio; voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero y media ciudad (1995), para desaparecer pruebas; sabotaje al helicóptero Puma del Ej. Arg., en el Campo de Polo en Palermo (1996), en el que viajaban el Interventor de Fabricaciones Militares (Gral. Andreoli) y el Coronel Rodolfo Antonio Aguilar, testigo en la causa de la venta de armas a Ecuador que iba a denunciar el tema de las armas desaparecidas, etc., etc.
De todo esto, la justicia argentina ni noticias; bueno, con la corporación judicial bajo el miembro del poder ejecutivo, cualquier burócrata oficialista se animaba a delinquir.
Lo cierto es que nuestro Poder Judicial está sobradamente sospechado de haberse sometido imperio del Poder Ejecutivo, oficialmente desde 1862 en adelante.
En sus inicios pudo haber sido por afinidades ideológicas, pero ya desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX seguramente que la gran tentación fue el dinero porque ello daba poder.
La preeminencia que otorga la posesión de riqueza en el orbe puede ser inconmensurable. Y como decía el pensador John Dalberg-Acton, «El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente».
Hoy a nuestro país lo maneja una corporación económica que decide sobre bienes y personas a su arbitrio. Lo poco que pudo haber habido de soberanía feneció en el último cuarto del siglo XIX; lo que vino luego fue la fría aplicación de la ecuación costo-beneficio de la mano de la industrialización y el mercantilismo a ultranza.
Será cuestión de que el Presidente se saque el sayo de pastor metodista, se imponga a la aljama que maneja la economía del país y empiece a tomar decisiones políticas como Jefe de Estado. Llorar sobre la leche derramada es para débiles y para Macri ya no es una opción.
En última instancia, si usted necesita de la abogada exitosa para ganar una nueva elección presidencial, es porque su propia debilidad política es impepinable.
“El Estado que en una época económica vacila en tomar la delantera y no se decide a regular las relaciones de este linaje, tiene que resignarse a adoptar una posición neutra frente a los problemas y las decisiones políticas y a renunciar, por tanto, a sus pretensiones soberanas”. Carl Schmitt – 1888-1985.
(1) Carl Schmitt – “Concepto de lo político” – Editorial Struhart & Cía. – Bs. As. 2002
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