MACRI Y SUS BOJIGANGAS BOY’S

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Una vez tomada la decisión, cerrar los oídos incluso al mejor de los argumentos en contra: señal de carácter enérgico. También, voluntad ocasional de estupidez”. (F. W. Nietzsche – “Más allá del bien y del mal -1886).
Nuestro Presidente es un ingeniero que ve y analiza la política sólo a través de los números, con una lógica matemática – pese a su discurso cuasi metodista – con lo cual, al decir de algunos ignorantes, parece querer morir con las botas puestas y dejarnos a merced de la morralla kirchnerista, en el mejor de los casos, como otrora los pactantes Menem-Duhalde y su delfín Néstor Kirchner; o lo que es peor, del renovado trotskismo criollo eco-abortista.

No hay dudas que sus asesores podrán tener las mejores intenciones, pero son absolutamente legos en la función  pública y flaco favor le hacen a la gobernabilidad.
Han transcurrido veintinueve meses de gestión y – al igual que Alfonsín -, demostró que llegó a La Rosada sin siquiera un borrador de algún plan de gobierno; sólo con su acotada experiencia porteña en la faltriquera.
Oportunamente dije que gobernar una ciudad de 200 kms2 con 3 millones de habitantes, no tiene punto de comparación con gobernar un país de 2,8 millones de kmsy 44 millones de habitantes, con 12 mil km de conflictivas fronteras, con 5 mil km de costa marítima, y una diversidad social, económica y política que se extiende en miles de kilómetros cuadrados en derredor del ombligo porteño, centro corporativo pergeñado y concretado por S.M.B. después de Caseros.
El casco de la estancia ha estado conformado por el «triángulo de las bermudas» constituido por el gobierno ¿federal?, la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense (allí están los votos). En ese agujero negro desaparece un altísimo porcentaje de los esfuerzos de la Argentina anónima; aquella que está compuesta por los ciudadanos de 2ª categoría, i.e. primera línea fuera del conurbano bonaerense; de 3ª categoría, i.e. aquellos que se apiñan alrededor de las grandes ciudades provinciales (gran Córdoba, gran Mendoza, gran Tucumán, gran Rosario, gran Neuquén, gran Comodoro Rivadavia, etc.) y los de 4ª y 5ª categorías, i.e. los que pueblan – con todos los sacrificios inimaginables – los rincones desconocidos de la patria, especialmente en las zonas de frontera y desérticas.
Es más que obvio que las condiciones del transporte, las comunicaciones y, por ende, las relaciones comerciales han variado sustancialmente desde 1854 (carretas, barcos y chasqui) a hoy (trenes, camiones, aviones, buques de gran porte, telefonía móvil, Internet, rutas, autopistas, etc.).
Lo que no ha cambiado es el motivo que no casualmente dio origen a la promocionada frase: “Dios está en todas partes, pero sólo atiende en Buenos Aires”.
Lo peor es que las capitales provinciales, cual epígonos porteños, salvo alguna excepción poco probable, han imitado a la cautivadora C.A.B.A. – residencia del gobierno ¿federal? desde el 20 de septiembre de 1880 a través de la Ley Nº 1029 -, y en la actualidad, ante la falta de trabajo y de inversiones de capitales productivos, miles de desocupados y subocupados se arraciman como lechones peleando por una teta, debatiéndose entre el cuentapropismo y la mendicación puerta a puerta.
Aniquilada hace varias décadas la banca de fomento de antaño, ninguno de ellos tiene acceso a créditos productivos porque no le pueden garantizar a la banca expoliadora la devolución de los mismos. Es así que bregan por conseguir un puestito en el Estado (nacional, provincial o municipal), para paliar su difícil situación, hasta que algunos terminan asegurándose el ingreso y – por ende – el derecho constitucional de la “estabilidad del empleado público” (Art. 14 bis – C. N.), se incorporan a los sindicatos mafiosos y se sostiene el agobiante déficit fiscal.
Mientras tanto, los capitalistas (¿de riesgo? Ja, ja, ja) y empresarios – foráneos y domésticos -, ponen en funcionamiento sus maquinarias tragamonedas y sin demasiado esfuerzo, entre devaluaciones, letras, bonos y dólar futuro, obtienen ingentes ganancias sin despeinarse el jopo.
Me traen a la memoria las mesas de dinero que funcionaban durante la última dictadura cívico-militar 76/83 y, un poco más acá, la timba financiera cavallista-menemista 92/99.
Qué oportunas las palabras de uno de los padres de la patria estadounidense, Thomas Jefferson, cuando expresaba: “Creo que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que todos los ejércitos permanentes. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos privados y todas las entidades que florecerán en torno a ellos, privarán a los ciudadanos de lo que les pertenece, primero con la inflación y más tarde con la recesión, hasta que sus hijos se despierten, sin casa y sin techo, en la tierra que sus padres conquistaron”. (Thomas Jefferson 1743-1826)
Las soluciones que la ciudadanía reclama desde hace décadas no tienen prioridad para Don Mauricio y la aljama doméstica enquistada en el poder, ahora encabezada por el mediático ex asesor de bancos y financieras, Nicolás Dujovne. En primer lugar han buscado sanear los desaguisados que la mob family K provocó en algunos sectores empresariales concesionarios de servicios públicos, todo ello encubierto con algunas obras anunciadas con singular espectacularidad pero en el fondo con escaso peso a la hora de generar puestos de trabajo genuinos; y también algunas novelas policiales de PlayStation con rimbombantes detenciones de narco-perejiles y de seudo aborígenes salteadores de parques nacionales.
Este gobierno de los CEO (Chief Executive Officer) ha demostrado tener menos sensibilidad que una estampida de elefantes en un hospital. Todos los capitostes empresariales parecen estar convencidos de que el país es una gran fábrica estructurada y administrada según las viejas usanzas regimentales aprehendidas durante las épocas de los gobiernos cívico-militares, i.e. de factum.
Nuestro presidente, natural empresario y negociante, desde que asumió el cargo realizó varios viajes a distintos países del orbe para vaya a saber qué tipos de gestiones para la Argentina. Como oportunamente dije, con su accionar dejó fuera de juego al cuerpo diplomático de carrera, (no los diplomatic tourists kirchneristas), que está para actuar en los destinos que éste visitó en estos dos y medio años. Es evidente que, o no les tiene confianza a los embajadores y encargados de negocios para diligenciar en su nombre; o no tuvo intención de que aquellos tomasen conocimiento de las verdaderas razones que lo llevaron a concretar este periplo internacional.
Hablar con los jefes de Estado de otros países puede ser de gran utilidad para la Argentina, lo preocupante es la incertidumbre que agobia a la ciudadanía al no saber de qué habló con ellos nuestro presidente, generalmente en presencia de su hilarante esposa, ya inventariada como parte del equipaje presidencial.
Por supuesto que el habilidoso Marcos Peña ya se ha convertido en el Capitanich del macrismo, y su celestial imagen de 2015 se ha ido tornando en la de la mendacidad del relato 2018.
Lo que en algún momento en nuestra historia reciente provocó cierto orgullo nacional, como las actividades desarrolladas por el INVAP (Investigaciones Aplicadas) en Bariloche (RN); la producción de la Planta de la ENSI en Arroyito (Neuquén); de la Fábrica Argentina de Aviones FAdeA (Córdoba); de Fabricaciones Militares, etc., etc., ha entrado en un espiral descendente porque estas sociedades del Estado son un dolor de cabeza para el gobierno, y su privatización (menemización) bien podría ser otro de los objetivos inescrutables del mini-gueto que concentra el poder económico en nuestro país.
No obstante ello, la sociedad no debe perder la memoria sobre lo que fue el kirchnerismo durante tres períodos de gobierno. El mismo gobierno debe salir a coadyuvar al rescate del Justicialismo como única alternativa hoy, y, por ende, balanceo. No debe olvidar nuestra sociedad que los espacios vacíos suelen ser ocupados por atrevidos y temerarios. Como solemos decir en mi pueblo “habiendo coraje, no falta a quien matar”, y si el otro platillo de la balanza no lo ocupa la ortodoxia justicialista, lo va a terminar copando la resaca kirchnerista y las bandas trotskistas atrincheradas en los seudo sindicatos que anidan en ambas C.T.A., sus facilitadores políticos de esta arrebolada ofensiva contra el actual poder ejecutivo, juntamente con el manifiesto apoyo – por desdén – de la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio encabezada por el pasquín del muñequito acarminado y sus satélites.
La teoría de la existencia de los opuestos de Heráclito no ha sido una simple expresión azarosa; todo sistema necesita de un equilibrio para no destruirse. En política muchos imperios acabaron sepultados por no haber construido su equilibrante que le hubiera permitido balancear su poder. En la Argentina, el negarse a los cambios e insistir con las mismas fórmulas políticas y económicas, no nos ha permitido salir de esta endogamia perniciosa.     
Expresaba el mismo José Hernández en el ‘Martín Fierro’ (publicado en 1872):
“Me acerqué a algunas estancias
Por saber algo de cierto,
Creyendo que en tantos años
Esto se hubiera compuesto;
Pero cuanto saqué en limpio
Jué que estábamos lo mesmo.

Ansí, me dejaba andar
Haciéndome el chancho rengo,
Porque no me convenía
Revolver el avispero;
Pues no inorarán ustedes
Que en cuentas con el Gobierno
Tarde o temprano lo llaman
Al pobre a hacer el arreglo”.
Las instituciones de la república están corrompidas, y esta prostitución tiene su origen básicamente en un linaje político producto de una sociedad acicateada – década tras década – a través de usos y costumbres naturalizados por sus mentores y publicistas ad hoc. Así como el uso de la lengua perdió su valor intrínseco y devino en el uso de la fuerza bruta, el habitus político de hoy es la tramoya, la mendacidad, la felonía y, por sobre todo, las ilegitimidades, aun las que se ejercen dentro de la ley.
Los cinco poderes del Estado (tres republicanos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial; y dos lobistas: prensa e Iglesia) sostienen entre sí peleas de adolescentes con el objetivo de prevalecer sobre sus contendientes.
No es pecar de ingenuidad hablar de una sana competencia entre estos exponentes, que tenga por finalidad mejorar la propuesta de su contendor, en lugar de ver cómo cada uno echa mano a los argumentos y sofismas más descabellados para avasallar a su ocasional oponente, anteponiendo lo personal y/o corporativo por sobre los intereses de la nación. Ya hice referencia de esta situación en mi artículo titulado “Sin representación legislativa”.
Un siglo ha transcurrido desde que nuestro pensador redactara este apodíctico mensaje: La mayoría, en los países democráticos, carece de expresión válida fuera del comicio. No se gobierna con ella, ni ella tiene otra función gubernativa que la de elegir individuos para que ejerzan el gobierno. Una vez que, a este fin, les ha acordado su confianza, gobiernan ellos con la constitución y con su conciencia personal: que es decir, deliberan y resuelven por la mayoría, sin necesidad de llamarla a consulta. Fuera de esto, no hay más que la demagogia plebiscitaria o el motín. La llamada “expresión popular” de las masas gregales, no es otra cosa que un efectismo callejero. (“Mi beligerancia” – Leopoldo Lugones – 1917)
Es evidente que poco o nada hemos aprendido de nuestros ancestros y cuánto daño nos ha causado nuestra incuria para tan siquiera darnos cuenta de que si pretendemos cambiar no debemos seguir haciendo sistemáticamente lo mismo.
“Cada día sabemos más y entendemos menos”(Albert Einstein 1879-1955)
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