MINISTERIO DE DEFENSA ARGENTINO

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Decía en 1944 el Coronel Juan D. Perón: “Las dos palabras, «Defensa Nacional», pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y resolución interesa e incumbe únicamente a las Fuerzas Armadas de una nación. La realidad es bien distinta; en su solución entran en juego todos sus habitantes, todas sus energías, todas sus riquezas, todas sus industrias y producciones más diversas, todos sus medios de transporte y vías de comunicación, etc., siendo las Fuerzas Armadas únicamente, (…), el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye «la nación en armas»”

“Si vis pacem, para bellum” (Si quieres la paz, prepárate para la guerra). Sin dudas que esto no lo entendieron ni siquiera los que entre gallos y medianoche nos llevaron a la guerra en el Atlántico Sur en 1982.

No debemos dejar de considerar que desde la creación del Ministerio de Defensa (Ley Nº 13529 (Art. 28) el 08 de julio de 1949, hasta el día de hoy, hubo cuarenta y siete (47) Ministros, la casi totalidad de los mismos legos en la materia, quienes tenían las siguientes profesiones: Militares 7; abogados 21; ingenieros 7; periodistas 2; Licenciados en Economía 3; Contadores públicos 2; Odontólogo 1; Médico 1; Empresario 1; Doctor en Química 1 y Diplomático 1; TOTAL 47 ministros en 69 años de gobiernos democráticos y de facto).

Siendo, por lo menos, uno de los cuatro Ministerios más relevantes del Estado nacional, salvo en los momentos en que fue desempeñado por un militar de carrera, siempre se usó como moneda de intercambio para pagar lealtades políticas y/o favores electorales, siendo ocupado por absolutos legos en la materia, lo que devino en detrimento de la Defensa Nacional.

No hay dudas de que las políticas de “equilibrio” instrumentadas por las potencias dominantes a través del manejo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se siguen manteniendo fieles a los más altos intereses de las mismas en la región.

Las serias restricciones al equipamiento armamentístico de las Fuerzas Armadas, impuestas tácita y/o explícitamente a la Argentina, esencialmente luego del desaguisado malvinense, siguen haciendo mella en el poco cohesionado espíritu de cuerpo de sus integrantes de cara a constituirse en el instrumento de lucha eventual ante las cada vez más posibles hipótesis de conflicto regional.

Si a esto le agregamos la rotura de la piñata electoral que dio pábulo a los gorrones de la política para que se embalumaran con cargos y funciones para la mayoría de ellos inaccesibles e inasequibles, el panorama se torna sensiblemente delicado.

Ya no se trata de que la República Argentina desarrolle unas fuerzas armadas que se hallen en condiciones de combatir con la crema y nata de la O.T.A.N. para recuperar las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur;  sino de establecer un equilibrio con los pares del vecindario, quienes se han mostrado muy activos en los últimos lustros reflotando viejos conflictos territoriales de interpretación maliciosa, pero que su núcleo no es otro que el dominio del «oro blanco», muy abundante en toda la zona cordillerana y del litoral mesopotámico argentinos.    

Pequeños países europeos, como la Confederación Suiza, cuya población no llega a los 9 millones de habitantes y por sus características de país neutral no suele ofrecer frentes de conflicto, cuenta con unas Fuerzas Armadas (Ejército y Aeronáutica) con alrededor de 200 mil efectivos, siendo el 5% profesionales y el resto voluntarios. Tienen el servicio militar obligatorio entre los 19 y 34 años para los varones, siendo voluntario para las mujeres.  Están equipados con armamento de alta tecnología y tienen sus propias fábricas de armas y transportes militares.

Nuestro gobierno está por cerrar la fábrica militar de aviones por presunta falta de presupuesto, mientras se gastan millones en planes sociales en lugar de generar fuentes de trabajo genuinas, y los banqueros Sturzenegger y Dujovne alientan la timba financiera desde el poder.

La empresa insignia Fabricaciones Militares, creada por el visionario Gral. Manuel Savio en 1941, que fuera usada por distintos gobiernos (democráticos y de facto) para el montaje de empresas mixtas de dudosa renta, está – según el actual gobierno – siendo subsidiada para poder seguir funcionando.

Hemos llegado al colmo de la desatención de algo que es absolutamente fundamental, como la defensa nacional y la seguridad interior.  

Sería muy tedioso enumerar las todas las dificultades que se presentan por la ausencia total de buen criterio por parte del poder ejecutivo y sus amanuenses.

A tal punto llega la negligencia gubernamental, que las designaciones de funcionarios en el Ministerio de Defensa resultan absolutamente patéticas; empezando por el Ministro Oscar Aguad (abogado) y lo que le acompaña en su interior. Los súper legos Raúl Adolfo RIPA (DNI 10.683.225) como Jefe de Gabinete de Asesores; Graciela Susana VILLATA (DNI 13.819.989) como Secretaria de Servicios Logísticos para la Defensa y Coordinación Militar en emergencias; Damián Alfredo VAUDAGNA (DNI 17.834.876) como Subsecretario de Servicios Logísticos para la Defensa y Coordinación Militar en emergencias; Horacio Aldo CHIGHIZOLA (DNI 10.127.933) como Secretario de Estrategia y Asuntos Militares; María Carolina CHACUR (DNI 21.832.602) Subsecretaria de Coordinación Administrativa; Luis RIVA (DNI 10.398.605) Interventor de la Dirección General de Fabricaciones Militares; etc., quienes, como diría mi abuelo, no saben hacer la ‘O’ con una taza.

Como podrán apreciar los lectores, ningunos de los citados ut supra tiene siquiera alguna profesión relacionada con el tema de Defensa y casualmente acompañaban al abogado radical Aguad en su ¿gestión? en el Ministerio de Comunicaciones, otra de las carteras estratégicas de la nación.

Ahora bien, si los Jefes de los Estados Mayores de las tres Fuerzas Armadas aceptan de buena gana ser organizados y manipulados por una partida de politicastros y empresarios que accedieron a la función como retribución por los presuntos servicios electorales y/u otros prestados a la alianza gobernante, no deberían siquiera quejarse de lo sucedido con el A.R.A. San Juan y con todo lo que está aconteciendo, de lo cual la ciudadanía ni se entera porque la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio sigue haciendo negocios, y en lugar de ocuparse del avión IA-63 Pampa que estaría próximo de discontinuarse por los conflictos en FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), se ocupa de ‘Pampita’, que no se discontinúa porque es auspiciada cotidianamente por el proxenetismo mediático.  

Generales, Brigadieres y Almirantes, no se conviertan en los futuros Balza, Pozzi o Milani; si no están de acuerdo con las políticas de Defensa Nacional pidan el pase a retiro y no sean cómplices de esta bojiganga ministerial.

No sólo hay que recordar a los camaradas muertos por el terrorismo apátrida entre 1973 y 1976; y a los muertos en la aventura malvinera, como el Capitán de Fragata Pedro E. Giachino y tantos otros, con simples actos formales; hay que hacerlo con acciones concretas diariamente, remembrando que ellos dieron lo mejor de sí, i.e. su propia vida, para defender a la Patria, hecho que no se limita al simple juramento reglamentario y al boato castrense.

“Los países son expresiones geográficas y los Estados son formas de equilibrio político. Una Patria es mucho más y es otra cosa: sincronismo de espíritus y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria. Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay Patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedará en mitad del camino contando sus talegas. La patria está implícita en la solidaridad sentimental de una raza y no en la confabulación de los politicastros que medran a su sombra”. (José Ingenieros 1877-1925)

 

 

 

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