LA PRISIÓN PREVENTIVA DE C.F.K.

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Este es uno más de los enormes actos de hipocresía emanados de nuestra sociedad frente al gobierno y, lo que es peor, frente a sí misma.
No voy a hacer mención de los similares que concretó a través de dos siglos de historia nacional, pero baste citar a los – probablemente – más aciagos, i.e. el del clamor para que se consumara el golpe sedicioso e inconstitucional del 24 de marzo de 1976; y el del actual dictado de la prisión preventiva a la reina sin corona Cristina Elisabet Fernández viuda de Kirchner.

Sin lugar a dudas que el primero de ellos tuvo consecuencias extremadamente más graves que los actos de corrupción y vaciamiento cometidos por la organización mafiosa “K” en los doce años de cleptocracia atrincherada en Balcarce 50 y, más grave todavía, en la manzana del oprobio, que paradójicamente ostenta en la plaza que está a su frente la célebre réplica de la estatua «El Pensador» de Rodin, dando premonitoriamente la espalda a la ignominiosa casa de las leyes.
Ya causa estupor ver presuntas encuestas en la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio, consultando a los eventuales lectores o sistematizados partícipes de anodinas redes sociales, si están de acuerdo en el dictado de la ‘prisión preventiva’ a la ex presidente depuesta a través de las urnas en noviembre de 2015.
Efectivamente esto que llevan adelante los medios de comunicación no es más que una interrogación retórica, ya que su respuesta se halla incluida en la misma pregunta y es con ella que estos mismos medios dibujan a posteriori «la simulada opinión pública».
Partimos de la base de que quienes leen los pasquines donde aparece esta ‘encuesta’ son afines a su línea editorial, por lo tanto es poco posible que no participen con una respuesta afirmativa.
Obviamente que nunca preguntarían a la ciudadanía si saben de qué se trata la ‘prisión preventiva’, en qué casos se dicta – más allá de las opiniones insolventes de los gacetilleros seudo expertos -, y que objeto tiene para la causa donde se halla involucrada la persona a detener; porque allí algún osado podría meter la cuchara pero el grueso entraría en la variante NS/NC; aunque es casi imposible que haya argentinos que acepten de buen grado no conocer un tema, siquiera de oídas, y no arriesgue opinión desde su encubierta ignorancia.
Pero más allá de los tecnicismos legales, lo cierto es que C.F.K., para la Justicia, sería más útil estando en libertad que detenida, ya que se trata de una ex funcionaria con rango presidencial que no va a moverse sin ser fácilmente detectada. Además, con mantenerla monitoreada con los medios técnicos que hoy tienen a su alcance los investigadores judiciales y policiales, hasta podrían nutrirse aún más las causas en las que se encuentra involucrada.
La medida judicial establecida por el juez Bonadío ha sido más una acción demagógica – para darle algún viso de seriedad a la vapuleada justicia federal – que un acto formal que contribuya eficazmente al desarrollo de la causa.
Inclusive el hecho de requerir su desafuero – a horas de haber jurado como senadora nacional -, lo que ha generado es la exacerbación de ánimos en las bancadas no oficialistas en un momento de crucial necesidad de apoyo mayoritario para la sanción de leyes urgentes.
El vedetismo judicial mediático en las últimas décadas no ha humanizado a la justicia frente a la sociedad, sino que ha puesto a jueces y fiscales en una relación de paridad con personajillos acicateados por el manifiesto proxenetismo periodístico.
Usías e inquisidores han dejado que la prensa amarillista construyera sus imágenes públicas según las necesidades de los victimarios mas no de las víctimas, salvo cuando estas últimas fuesen socios o ex socios que, por compromisos previos, no es conveniente que sean juzgados con tanta imparcialidad.    
Como decía Beccaria, “No hay cosa tan peligrosa como aquel axioma común que propone por necesario consultar el espíritu de la ley. Es un dique roto al torrente de las opiniones. Esta verdad, que parece una paradoja a los entendimientos vulgares, a quienes impresiona más un pequeño desorden presente que las funestas aunque remotas consecuencias nacidas de un falso principio radicado en una nación, la tengo por demostrada. Nuestros conocimientos y todas nuestras ideas tienen una recíproca conexión; cuanto más complicados son, tanto mayor es el número de sendas que llegan y salen de ellas. Cada hombre tiene su punto de vista, y cada hombre en diferentes momentos tiene uno diverso.
El espíritu de la ley sería, pues, la resulta de la buena o mala lógica de un juez, de su buena o mala digestión; dependería de la violencia de sus pasiones, de la flaqueza del que sufre, de las relaciones que tuviese con el ofendido y de todas aquellas pequeñas fuerzas que cambian las apariencias de los objetos en el ánimo fluctuante del hombre. Vemos así que la suerte de un ciudadano cambia con frecuencia al pasar por distintos tribunales, y la vida de los miserables es víctima de falsos raciocinios o del actual fermento de los humores de un juez, que toma por legítima interpretación la vaga resulta de toda aquella confusa serie de nociones que le mueve la mente. Vemos pues los mismos delitos diversamente castigados por los mismos tribunales en diversos tiempos, por haber consultado no la constante y fija voz de la ley, sino la errante inestabilidad de las interpretaciones”. (“Tratado de los delitos y de las penas” – Cesare de Bonesana, Duque de Beccaria – 1738-1794).  
Por otra parte, el tan anunciado como fementido diálogo del gobierno con el no oficialismo, pero más aún con la sociedad no debidamente representada, hasta ahora ha sido un simple monólogo con escasas interlocuciones (transas) para reunir alguna diferencia parlamentaria a favor. El ejemplo más patético es el del delincuente de Anillaco – condenado por graves delitos que sigue apelando la sentencia para que no quede firme – que pasea su osamenta como Senador Nacional con una desvergüenza propia de los amorales.
O el del ex vicepresidente Cobos que traicionó a su propio gobierno votándole en contra la Resolución 125/2008 del Ministerio de Economía, en aquel entonces a cargo del dúctil Martín Lousteau, y no se le movió un pelo por renunciar a su cargo como ejemplo de austeridad.
No voy a ensayar defensa alguna de la ex presidente porque ha cometido delitos tanto o más graves aún que los de enriquecimiento ilícito; como la violación flagrante de la Leyes de Seguridad Interior y de Seguridad Nacional, y ningún justiciero federal la ha encausado por ello, ni en su momento (2010) ni posteriormente.
Ahora los fariseos que respondieron durante los últimos años a pie juntillas a las directivas de los cortesanos kirchneristas con mayoría automática, buscan reivindicarse de sus voluntarios actos fallidos por comisión y/u omisión.
En un país como el nuestro, cuando la justicia es negociable gracias a la porosidad de las leyes, donde los hábiles leguleyos terminan encontrando los salvoconductos que los legisladores dejan abrochados en las normas por incompetencia y/o si las moscas, la seguridad jurídica es algo más que una utopía.
Aquellos filósofos del derecho, doctrinarios y estudiosos de la perfección justiciera, hoy verían como una auténtica frustración que todo se resuma a una cuestión pecuniaria o simplemente de la política de la peor calaña.
Esta morbosa armonía existente entre los tres poderes de la república, los cuales no han hecho gala de ser vistos y considerados como independientes unos de otros, debería llamar a una profunda reflexión a la sociedad en su conjunto, porque todos formamos parte del mismo Estado y las componendas entre quienes han sido elegidos por la ciudadanía y además son solventados a través del erario público termina deteriorando gravemente la confianza en las instituciones republicanas.
Tanto el oficialismo como el no oficialismo, deben dejar de hacer tanta demagogia con la desgracia de quienes no tienen siquiera una voz que logre hacerse escuchar en el ámbito pertinente. Mucho menos en la cadena de la Justicia, cuyos eslabones están para lucrar más que para encontrar la verdad de los hechos.
El poder judicial no es una empresa comercial donde sus empleados se asemejan a los de cualquier empresa privada y tratan de descollar por una mejor renta o por el reconocimiento de una Corte Suprema viciada de nulidad. La foto del fiscal de la semana o del juez del mes sólo debe estar exhibida en el living de sus hogares, no en la primera plana de los pasquines y libelos apañados por las organizaciones supranacionales de prensa.
Cabe recordar que “La demagogia esencial del demagogo está dentro de su mente y radica en su irresponsabilidad ante las ideas mismas que maneja y que él no ha creado, sino recibido de los verdaderos creadores”. (José Ortega y Gasset – La rebelión de las masas).
Será conveniente que las corporaciones dejen de manipular, como la Iglesia vernácula, cuestiones como la pobreza y la indigencia para justificar los zarpazos que están metiendo en las arcas públicas.
Tampoco hagan con la tragedia del A.R.A. San Juan un nuevo caso Carrasco – como hizo el menemismo en 1994 -, mientras privatizaban todo y retroalimentaban la patria financiera.
La timba no genera trabajo genuino salvo para los grandes inversores; y usar a la reina sin corona con beneficio de inventario exponiendo al mesnadero Bonadío como un indolente por su decisión mientras lo acicateaban por lo bajo para tomar una medida de alto impacto y sacar de la primera plana de los pasquines porteños la cuestión de la tragedia naval, es política de lo más zafia.
  
“El pueblo es siempre, o demasiado activo o demasiado lento. Unas veces con sus cien mil brazos lo derriba todo; otras veces con sus cien mil pies anda como los insectos.” – ; de “El espíritu de las leyes” – Montesquieu (1689-1755)
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