KETAMINA FERNÁNDEZ de KIRCHNER

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La Ketamina es una droga disociativa con potencial alucinógeno, utilizada original y actualmente en medicina por sus propiedades sedantes, analgésicas y sobre todo, anestésicas. (Wikipedia)
Gracias a los buenos oficios de la prensa nacional amarillista y mercenaria de todo estipendio, doña Ketamina Fernández de Kirchner produce una prolongada acción recidivante que actúa sobre el subconsciente colectivo y horada la feble capa de resistencia neuronal de los argentinos atafagando sus vertiginosos cerebros.

Es tragicómico ver a la egotista K.F.K. haciendo una puesta en escena con algunos gacetilleros reflotados por el autobombo, y envanecida por reportajes facilitadores de su acción corrosiva, alentados con erotemas que terminan con el plumífero asintiendo como cliente recién ilustrado por la exitosa leguleya.
Esta concupiscente, desalojada de Balcarce 50 a través de las urnas, tiene la desfachatez de presentarse como candidata a una banca en la cámara alta en la manzana del oprobio.
La crítica posible no es, como dice la querulante Lilita, por inhabilidad moral, porque si fuese por esa cuestión ambas cámaras quedarían deshabitadas al instante; el problema con K.F.K. es su derrotero delincuencial que, a casi dos años de su desahucio, todavía no ha sido condenado por una justicia corruptible y espasmódica.
Es absolutamente irritante tener que estar hablando de estos mismos temas recurrentemente, pero en un país en el que en lugar de buscarse soluciones a los grandes problemas, la mayoría prefiere barrerlos bajo la alfombra, cada gobierno que asume, siendo de distinto signo político que el anterior, bate el tapete y toda la mugre que reposaba bajo el mismo vuelve a quedar expuesta, recordándoles que son ineptos hasta para mejorar la performance política de la Argentina.
Decía el dramaturgo Bertolt Brecht: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostitución, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales; lo que muestra de alguna manera la idiosincrasia del argentino medio.
En muchas oportunidades escuchamos a los argentinos llenarse la boca de palabras de alabanza a la democracia y sus presuntos valores, pero a la hora de demostrar honestidad intelectual entre sus dichos y sus acciones, defeccionan como cualquier politicastro que sólo se sirve del cargo público en beneficio personal o faccioso.
El ocio mental ha provocado que el ciudadano se considere satisfecho por su accionar ‘democrático’ bienal porque introduce un sobre con una papeleta impresa, en una urna, que materialmente vale unos centavos, pero que políticamente implica entregarle el poder de decisión sobre vida y bienes de la sociedad a una troupe de aviesos expoliadores.
Como citaba Miguel de Unamuno: “A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse”; y precisamente el nuestro es un pueblo que se alimenta desde siglos con fantasmagorías, muy hábilmente presentadas o representadas por el abyecto linaje político que ocupa desde antaño la conducción del país.
Es como una necesidad morbosa que excita a nuestra sociedad y que se ha hecho una cuestión imprescindible para tener un motivo central que ocupe la mesa familiar con disputas continuas y brechas cada vez más profundas en las relaciones humanas.
Si al poco interés analítico de «lo importante» que muestra nuestra ciudadanía, se la apabulla con aquello que los medios han internalizado como «lo urgente», tenemos más que claro el por qué seguimos aceptando el fárrago de felonías que cotidianamente nos vende esta gran asociación mitológica pero muy rentable que conforma la corporación prensa-políticos-sindicalistas-empresarios-Iglesia.
Allá por 1913, escribía el pensador José Ingenieros: …“Las jornadas electorales conviértense en burdos enjuagues de mercenarios o en pugilatos de aventureros. Su justificación está a cargo de electores inocentes, que van a la parodia como a una fiesta. () la masa de “elegidos del pueblo” es subalterna, pelma de vanidosos, deshonestos y serviles. (…)  Los serviles merodean por los Congresos en virtud de la flexibilidad de sus espinazos. Lacayos de un grande hombre (o mujer), o instrumentos ciegos de su piara, no osan discutir la jefatura del uno o las consignas de la otra. No se les pide talento, elocuencia o probidad: basta con la certeza de su panurguismo. Viven de luz ajena, satélites sin color y sin pensamientos, uncidos al carro de su cacique, dispuestos siempre a batir palmas cuando él (o ella) habla y a ponerse de pie llegada la hora de una votación”.
Esto es lo que se va a votar el próximo 22 de octubre de 2017, diputados y senadores para incorporarse a las cámaras en la manzana del oprobio, a fin de seguir parasitando y generando normas que más están destinadas a encubrir sus acciones cuasi delincuenciales que a dar una sana estructura jurídica a la Argentina.
Precisamente doña Ketamina Fernández de Kirchner, y sus partenaires Sergio Massa, Florencio Randazzo, Agustín Rossi y otros tantos partícipes necesarios de la rapiña que asoló al país desde 2003 en adelante, quieren y necesitan asaltar el Congreso para catapultarse nuevamente a La Rosada en 2019.
Agreguemos, por qué no, el condicional apoyo que recibe ese residual kirchnerista – en distintos momentos y según las necesidades planteadas – de la izquierda liberal pacata argentina, en la que abundan los caciques y la escasez de indios convierte sus malones en inconsistentes y pusilánimes.
Sin dudas que lo que gobierna actualmente no es – ni por asomo-, lo que la mayoría votó en 2015. El gradualismo enfermizo que pretende para cambiar las políticas de Estado es más traumático que saludable; es como que un odontólogo trabaje una caries sin anestesia y cada vez que el paciente experimenta dolor irresistible, detenga su tratamiento hasta una próxima visita que seguro terminará igual que la anterior.
Cambiar la matriz de sustentabilidad subsidiaria impuesta por el alfonsinismo en 1984, por otra de carácter productivo y de trabajo genuino, tiene dos obstáculos de difícil solución. Primero quitarle el inducido derecho adquirido de acceder a la dádiva sin esfuerzo alguno; y segundo, sincerar una economía pre-capitalista que por un lado simula incorporarse a un mundo económicamente activo y comercial, y por el otro echa mano sistemáticamente a la política de la mezquindad en la oferta laboral y, en un retorno al menemismo, i.e. el acceso a una renta financiera especulativa como la que llevan a cabo los carroñeros capitales de riesgo, como la mayoría de los acreedores de la Argentina en el exterior.
Si a ello le sumamos la execrable burocracia sindical, que pacta con Dios y con mandinga con una versatilidad espeluznante; y una iglesia que ha abandonado su misión evangelizadora volcándose hacia cuestiones mucho más mundanas y optando por las corporaciones según la leche del día, completamos un panorama realmente preocupante.
Oficialismo y oposición utilizan los mismos métodos extorsivos en una campaña proselitista de la más baja estofa, adicionando una catarata de mentiras sobre lo que realmente puede hacer un legislador en la manzana del oprobio.
Inducen a la ciudadanía a creer que tendrán funciones ejecutivas y/o judiciales, cuando en realidad ninguna de ellas son de su competencia.
Sin dudas que hay una pata del Estado que no funciona; es la conformada por las instituciones administrativas directamente representativas de las necesidades sociales, y que ha sido cooptada por el Poder Ejecutivo con claros intereses demagógicos y también por el sindicalismo antropófago.
La ex presidente, sus secuaces y demás excretas colaboracionistas, deben ser controladas tanto como las instituciones que hoy maneja el oficialismo; el ejercicio real de la democracia pasa por el control que la ciudadanía ejerza sobre estos sectores, especialmente reclamando Justicia donde se perciba o ponga en evidencia la defección de los funcionarios.
El actual presidente estará un par de años más en el gobierno; a lo sumo un nuevo período, al igual que sus ministros y muchos de los legisladores, por ello el poder que estos construyen suele ser efímero. El verdadero poder lo tienen – y siempre lo tuvieron – los integrantes de las 2ª y 3ª líneas de gobierno, esos que no aparecen en los medios pero que, como dicen los cubanos, son los que cortan el bacalao. Ésos son los que perduran y se sostienen en el verdadero poder y manejan los hilos de la corrupción entre bambalinas.
No hagamos lo mismo que hacen las mamás y abuelitas placeras, que sólo reclaman memoria parcial y sesgada para mantener a nuestra sociedad dividida; el gran Maquiavelo expresaba: “Nuestros antepasados, y particularmente los que tenían fama de sabios, solían decir que para conservar a Pistoia bastaban las disensiones, y para conservar a Pisa, las fortalezas; por tal motivo, y para gobernarlas más fácilmente, fomentaban la discordia en las tierras sometidas, medida muy lógica en una época en que las fuerzas de Italia estaban equilibradas; pero no me parece que pueda darse hoy por precepto, porque no creo que las divisiones traigan beneficio alguno; al contrario, juzgo inevitable que las ciudades enemigas se pierdan en cuanto el enemigo se aproxime, pues siempre el partido más débil se unirá a las fuerzas externas, y el otro no podrá resistir”, (de «El Príncipe» de Nicolás Maquiavelo).
Por último y para ser lo más gráfico que me sea posible, hay que rever el significado del relato bíblico sobre David y Goliat.
La realidad nos indica claramente que David no es otro que el símbolo de las ‘minorías’, hipotéticamente débiles y esmirriadas, pero que paradójicamente manejan hábilmente los resortes del poder a través del dinero (la honda), minando la resistencia de Goliat, que es el pueblo, con su enorme fortaleza (soberanía), pero que sólo puede ser sostenida por la unidad nacional bajo el amparo de la Patria, esta es dinamitada por los mezquinos intereses que exhiben muchos dirigentes de toda laya, ajando y desgastando la verdadera fuerza del gigante.
En criollo sencillo, escribía José Hernández en su extraordinaria obra “Martín Fierro”:
“Los hermanos sean unidos;
porque esa es la ley primera;
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea;
porque si entre ellos pelean,
los devoran los de afuera”

«La limitación es esencial a la autoridad, pues un gobierno sólo es legítimo si está efectivamente limitado».
(Lord John Emerich Edward Dalberg-Acton 1834-1902)
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