MALDONADO, NO QUIERO CREER QUE…

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La desaparición lisa y llana de personas se ha convertido casi en un deporte que en general termina con una feliz aparición y el minuto de fama mediática de los presuntos desaparecidos, la mayoría de ellos voluntariamente.

Frecuentemente leemos en los medios buitres, i.e. ‘carroñeros’, sobre la desaparición de alguien, generalmente adolescentes y jóvenes, muchos de los cuales, como por arte de birlibirloque, luego de movilizar a fuerzas de seguridad, policiales, vecinos y aparato estatal, y ante la angustiosa expectativa de sus familiares cercanos, reaparecen aduciendo excusas por demás triviales e incoherentes, que lamentablemente nunca terminan en una investigación seria. Los costos operativos de estas aventuras futiles lo pagamos todos los argentinos para que algún inmaduro se sienta importante.
Más todavía cuando el presunto desaparecido pertenece al género femenino, cosa que ipso facto motiva los exabruptos de las ideologizadas adherentes al ‘ni una menos’. Hasta allí lo ya meramente anecdótico.
Pero yendo al tema del ignoto Santiago Maldonado ya es una cuestión que ha sobrepasado los límites de lo tolerable por varias y contundentes razones:
Primera: la presunta desaparición habría ocurrido hace más de un mes;
Segunda: prácticamente desde el primer día, la cuestión fue politizada y endilgada a efectivos de Gendarmería Nacional, habiendo sido profusamente difundida – con la habitual siembra de cizaña – por la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio;
Tercera: A ese tren se subieron los bastardos candidatos a legisladores que, sin pensar cuánto daño pueden causar institucionalmente, utilizan la cuestión para saltar en el trampolín electoralista de octubre próximo.
Cuarta: Observar a los looser’s del 13/8 “adornados” con la imagen del hipotéticamente desaparecido artesano, devenido en mártir de la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios, provoca, cuanto menos, repugnancia.
Y allí se ven como rascan el fondo de las urnas para seguir viviendo de la política al ex montonero Felipe Solá; a la obsesa querulante Stolbizer y el judas tigrense «su auspiciador K»; a la zafia felona C.F.K. y sus mobster’s boy’s; a las mamitas oníricas y a las nonas exploradoras; como asimismo a los petardistas militantes del CELS; y demás orgas pro insurgentes.
A todos estos profetas de plazoleta, lo único que les importa es su proyecto personal, y apuestan a que el artesano-mapuche no aparezca, por lo menos antes del 22 de octubre, porque les afectaría los planes en sus aspiraciones legislativas.
Quinta: la historia, sin interpretaciones antojadizas, nos dice que algunos «desaparecidos» supieron cómo y tuvieron dónde desaparecerse.
Al parecer, esta hipótesis no habría sido considerada por la justicia federal, aunque sí por el gobierno, razón por la cual se ha ofrecido una suculenta recompensa por información del paradero y, como todo hombre tiene su precio,  – como decía Fouché -, quién les dice que en algún momento salte la liebre.
De lo contrario, si el joven Maldonado se hallase oculto sería, salvo delación por medio, casi imposible encontrarlo. Es más, debería garantizarse al eventual informante la calidad de testigo protegido.
Se han llevado cargado a un fiscal federal, qué no harían con un informante.  
Sexta: Lo concreto es que, además de lo citado precedentemente, el caso del joven Maldonado ha sido convertido en un enorme árbol que algunos interesados buscan mantener muy cerca de la gente para que oculte o, por lo menos, disimule al bosque, que no es otro que el intento desesperado de estas ideologizadas y exiguas etnias de soliviantar a una ciudadanía ignorante de la realidad – que palpita al influjo del mensaje construido por los medios buitres porteños de difusión nacional -, apoyadas por la izquierda vernácula burgo-liberal-pacata y por todos aquellos creídos vanguardistas – de ocasión -, que gustan de hacer proclamas revolucionarias usando remeras con la imagen del terrorista cubano más famoso muerto en Bolivia en 1967; eso sí, mientras beben su Chivas Regal Royal en el puente de algún crucerito anclado en el puerto de Olivos.
Decía la abuela, «no hay mejor sordo que aquel que no quiere oír», y después de los “treinta mil” desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar que, como los hongos después de la lluvia, muchos de ellos fueron apareciendo desde 1984 en adelante, algunos autoexiliados en México, otros en Cuba, en España, en Francia “protegidos” por el escritor francés Julio Cortazar, – una especie de Oskar Schindler criollo -, y otros que habían estado bien ocultos por sus familiares y amigos dentro mismo de la Argentina; se empieza a hacer cada vez más difícil poder creer seriamente en la desaparición forzada de Santiago Maldonado.
No tengo dudas de que la ausencia del artesano les conviene sobradamente a los oposicionistas al gobierno. Y como los argentinos son, en su inmensa mayoría, de memoria corta, ya pocos se acuerdan de la desaparición de Julio López (testigo contra el policía represor Etchecolatz) el 18/09/2006, durante el gobierno ‘democrático’ de Néstor Kirchner. Las primeras en olvidarse han sido la zafia Cristina y sus amigas las mamitas oníricas y las nonas exploradoras, así como también el chihuahua de Página adocenada.    
El terrorista cubano más famoso, ha sido uno de los precursores del foquismo. Esta teoría se trata de la instalación de focos insurreccionales diseminados por vastos territorios y con diferentes características geográficas, para dificultar su localización y neutralización por parte de los gobiernos democráticos.
Este ha sido uno de los mayores dolores de cabeza que han sufrido las coaliciones internacionales en la lucha contra el terrorismo moderno.
Los eternos e incansables acarminados confrontadores internacionalistas han cooptado la mayoría de las organizaciones surgidas en defensa del medio ambiente y aquellas reivindicadoras de los derechos de distintas etnias en todo el mundo, especialmente en países con ciertas proclividades a ser fácilmente ‘meloneados’ por los charlatanes de feria que hablan como comunistas y viven como burgueses.
Recordemos que tanto los ideólogos como las conducciones de Montoneros, P.R.T.-E.R.P., etc., tenían formación universitaria y provenían de la clase media-alta de la sociedad argentina.     
La estrategia de la desaparición es un producto de los aprendizajes que aporta nuestra historia reciente.
Hoy, estos insurgentes saben que un desaparecido es una flama intensa a mediano plazo, a diferencia de un cadáver que tiene fecha de vencimiento una vez que desapareció de los portales periodísticos y feneció su explotación propagandística.
También aparecen con inusitada frecuencia las organizaciones internacionales (ONU, OEA, CIDH, etc.), que sin estar al tanto de los acontecimientos, salvo por las denuncias interesadas de las presuntas víctimas, apremian a los gobiernos con pedidos que rayan en el avasallamiento de la soberanía nacional. Así sucedió con el tema de la militante de la Túpac Amaru en Jujuy, mas no con el dictador venezolano.
Difícilmente aparezca Maldonado porque su ausencia tiene tres aristas políticas de uso intensivo.
La primera de darle el plácet al arco opositor para una pretendida mejora en su performance electoral de octubre.
La segunda dejar abierta la puerta para que en el futuro sigan «desapareciendo» personas y con ello se vuelvan a estigmatizar a las FF.AA., FF.SS. y policiales, tal como se hiciera desde los años sesenta con beneficio de inventario para los subversivos.
La tercera sumarle un mapuche apócrifo a las bandas subversivas supranacionales que se parapetan en derechos ancestrales de pueblos originarios, que aunque pudiesen ser acreditados cualitativamente, no pueden serlo cuantitativamente, por ello estos pichones de Pincheiras exigen y exigen cada vez más tierras que luego pasarán a formar parte de nuevos Estados dentro de la Argentina y Chile beneficiados con el oro blanco, i.e. el agua dulce de ríos y lagos cordilleranos.
Como dato ilustrativo, cabe acotar que en la provincia del Neuquén están exigiendo al gobierno que se autorice a utilizar las leyes mapuches para juzgar y condenar a los delincuentes de ese origen por fuera de las leyes argentinas.
Por último es importante saber que detrás de estas etnias hay otras organizaciones como la CAPAJ (Comisión  Jurídica  Para  el  Autodesarrollo  de  los Pueblos  Originarios  Andinos) que funciona bajo la égida del Foro Económico y Social de las Naciones Unidas y el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas. Así como también tiene capital intervención la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe).
Nuestro Ministerio de RR.EE. tendrá que estudiar con claridad si estas organizaciones representan a los verdaderos pueblos originarios o tras de ellas se ocultan estas bandas subversivas como el RAM.
De ser así, nuestro país debería denunciar algunos de los tratados suscriptos oportunamente.
“Algo huele mal en Dinamarca” – ‘Hamlet’ – William Shakespeare
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