LA ARGENTINA PARASITARIA

Download PDF
Empecemos por la mesa familiar. Del productor al consumidor final aparece, en la formación de precios, una troupe de gorrones que, con sólo adherirse al producto con un mínimo esfuerzo, ponen a ambos extremos de la cadena de comercialización en condiciones agobiantes.

Partamos de la base de que la merma en la cantidad de productores, esencialmente de alimentos, es cada vez más sensible; precisamente porque quienes ponen el esfuerzo económico y laboral en generar éstos no ven siquiera satisfechos sus beneficios básicos – haciendo referencia a los pequeños y medianos productores -, pero aquellos que tienen los medios económicos suficientes, no sólo obtienen ganancias sino que además han tecnificado su producción al punto de estar prácticamente mecanizada más del 70% de la misma con la consecuente prescindencia de la mano de obra; el progresismo como le llaman los oportunistas que después critican la falta de trabajo.
La carga impositiva en nuestro país es absolutamente atosigante y confiscatoria, y es claro que los que terminan haciendo el gran negocio son los importadores, quienes también son intermediarios que parasitan al amparo de las necesidades esenciales.
Escuchar las conjeturas de un montón de economistas y seudo economistas en los medios de prensa respecto a los vaivenes de la economía, es como escuchar a doña charlatana, la chusma del barrio, que habla de la vida y obra de los demás y pretende saber o adivinar qué deberían hacer para estar mejor.
Aunque la economía se define como una ciencia social, ello no es óbice para que se diga cualquier disparate en nombre de un hipotético análisis, más aún cuando los fariseos ad hoc tratan a los sucesos emitiendo juicios que son verdaderos ensayos, i.e. sin la obligación de probar lo que afirman. Augures de desgracias o de dichas improbables, eructan alquimias que no se compadecen con los resultados que presuntamente han probado similares procesos en otras latitudes.
Esto me recuerda al finado tío Berni, aquel que se apoyaba en su Sancho Panza (Marianito) y gustaba de hacer comparaciones – ridículas bajo todo punto de vista -, entre la Argentina y países diametralmente opuestos como Japón, Alemania, Gran Bretaña, etc., haciéndonos creer que emulando a esas naciones todo podría ir mejor en la nuestra.
Hoy también son los politicastros y economicistas quienes adhieren a esos falsos dilemas que ponen a pensar inútilmente a la ciudadanía y a creer que es factible que nuestra sociedad criolla pueda convertirse de la noche a la mañana en una sociedad teutona, sajona, oriental o nórdica.
El proceso de imposición del capitalismo en nuestro país ha sido lento y traumático, no sólo por la reticencia social interna – ya por desconocimiento, ya por recelo -, sino también porque la mayoría de los ensayos económicos llevados a cabo terminaban o bien desvirtuados por la propia incapacidad de sus hacedores o sencillamente aniquilados por el nuevo gobierno entrante que asumía un rol mesiánico en esta materia.
Estos profetas de lo posible – mas no de lo necesario -, engordan la exigua jurisprudencia que los alquimistas financieros utilizan para execrar los más elementales intentos de cualquier gobierno para poner en marcha una economía social sin sobresaltos.
Así ha sucedido desde hace décadas y continuamos en el derrotero signado por la desconfianza que, como río revuelto, sólo da dividendos a los habilidosos pescadores de aguas turbias.
Hasta hace dos años, el pueblo argentino asistía cuasi impertérrito a la expoliación más devastadora del erario público en toda nuestra historia. Finalizado ese tiempo reinauguramos un nuevo período (cuasi menemista) de timba financiera, donde no hay inversiones productivas sino compra/venta de bonos y blanqueos poco ortodoxos de los dineros que los mismos que se lo llevaron al exterior, ahora lo traen para especular. Por otro lado, el gobierno, para engrosar las arcas del Banco Central, está recargado sobre los esfuerzos de los contribuyentes, en su inmensa mayoría trabajadores asalariados, y no atina a una reducción impositiva que permita equilibrar el consumo en vastos sectores del país; claro, hay que pagar los salarios de la prole estatal – cada día más densa – para equilibrar las cuentas de la ANSeS en cuanto al pago de jubilaciones y otras erogaciones.
En el mientras tanto, nuestros aforados legisladores nacionales continúan su periplo prebendario en sus bancas sin poner el menor esfuerzo en generar las condiciones para la radicación de capitales productivos NO ESPECULATIVOS. (Art. 75 – incisos 18 y 19 de la Constitución Nacional)
La disminución de la pobreza sólo se logra a través de la generación de trabajo genuino no de subsidios agraviantes, de los cuales el funcionariado actual se vanagloria para no verse apurado por la izquierda idiota, retórica y burguesa que anida en todos los partidos y agrupaciones políticas, incluido el actual oficialismo.
Las «promesas de borrachos» hechas durante sendas campañas electorales, no sólo por el oficialismo, sino también por el oposicionismo, son sólo eso, compromisos falsamente asumidos bajo el influjo de los vahos etílicos de, vaya a saber, qué festejo anticipado de una supuesta victoria.
Los gazmoños abundan en todo el espectro político; no son sólo patrimonio del régimen recientemente depuesto a través de las urnas; también aparecen en los más altos cargos del actual gobierno pero son vistos con indulgencia por seguir considerando que aún están en período prueba, luego de diecinueve meses de relato atávico que apenas ha servido para mantener una ventaja electoral, y que no ha sido acompañado por la justicia que sigue anclada a los vicios del régimen depuesto.
Hoy están reapareciendo los parásitos que han sobrevivido a todas las coyunturas gubernativas. Esos que, como los corchos, muchos creyeron que habían ido a parar al fondo del río, pero hoy vuelven a flotar abrevando de la banca internacional y sus colaboracionistas vernáculos.
No hace falta ir demasiado profundo en este lodazal propuesto por el imperio financiero para percibir que la gente está eligiendo, en general, especular con la oferta bancaria y no consumir para levantar la producción interna.
Miles de argentinos se refugian en una presunta acumulación de capital, ya sea comprando bonos, dólares o haciendo plazos fijos, llenando las arcas de los bancos de moneda nacional que luego es vendida a los incautos que van en busca de préstamos a intereses usurarios.
Siempre ad referéndum del accionar de los chupones financieros, asistimos con dolor al desafío de muchas familias jóvenes que no tienen otra forma de acceder a la vivienda propia que dependiendo de un crédito hipotecario que termina resultando a todas luces una trampa colosal.
Este ha sido el papel del Estado desde que prácticamente ha abandonado su rol de asegurador del cumplimiento de las garantías constitucionales, como las expresadas en el Art. 14 bis, como “la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.
La vivienda social ha sido desplazada por la supuesta capacidad contributiva en una sociedad donde la disparidad de ingresos por retribuciones laborales no guarda relación con otro párrafo del Art. 14 bis “igual remuneración por igual tarea” en un mapa plagado de desigualdades aberrantes.
Conste que un buen salario en Buenos Aires resulta una miseria en la Patagonia, donde una familia tipo paga un alquiler por tres ambientes que oscila en entre 15.000 y 22.000 pesos mensuales.
El INDEC dice que una familia tipo en el país necesita 15.000 pesos mensuales para no ser pobre, no tiene la menor idea de la sandez que está afirmando.
Es más – por ejemplo -, una misma cadena de hipermercados tiene precios diferentes – en los mismos productos – en Buenos Aires que en Chubut o en Neuquén.
¿Qué jubilado puede vivir con $7.000 por mes, con un sistema de salud pauperizado y medicamentos básicos a precios inalcanzables?
Sin embargo, Clínicas, Centros Privados de Salud, Sistemas Médicos Prepagos, Laboratorios de análisis clínicos, Farmacias, Centros de estudios de alta complejidad, etc., etc., siguen creciendo en forma inversamente proporcional a la asistencia pública, la atención médico-hospitalaria, las Salas de primeros auxilios, etc.
Ni mencionar las obras sociales sindicales, que reúnen fortunas y, la mayoría de ellas, dan una cobertura médica misérrima.   
Podemos seguir con la seguridad, que es una obligación indelegable del Estado y debe ser garantizada a través de las instituciones por él creadas (Policías Federal y provinciales) y otras fuerzas de seguridad, y hoy resulta que hay más agentes de seguridad privada que del Estado, todas manejadas por ex militares o ex policías que parasitan en el ámbito privado y, peor aún, cubriendo dependencias gubernamentales y entes descentralizados.
Nuestro país está saturado de parásitos que, como un linaje inevitable, viven a expensas del bolsillo de millones de argentinos que como con un subsidio más se ven compelidos a sostenerlos.  
Tal y como nos ha venido aconteciendo desde los albores de la Patria, los argentinos somos un sistema de fuerzas en constante desequilibrio. Cada gobierno nuevo denuesta al predecesor, se la pasa más de la mitad del mandato echando culpas al pasado por su propia inoperancia y haciendo campaña para una reelección porque afirma que un solo mandato es insuficiente… ¿para qué?
Si hablamos de la llamada oposición, ésta consiste en una aglomeración de ludistas y dinamiteros que no toleran la pasividad propia de quien no gobierna y buscan sistemáticamente ralentizar o neutralizar cualquier acto gubernamental apostando al fracaso del mismo y así sumar excusas para una consecuente mejora en las próximas elecciones. Los ejemplos más notorios en estas ridículas PASO, han sido C.F.K., el judas tigrense y su partenaire Margarita, y la zurda pacata – más liberal y burguesa que socialista -.
Luego de tantas décadas y décadas de parasitismo, ¿los argentinos estamos en condiciones de exigirle – sin hipocresías – a los gobiernos nacional, provinciales y comunales, que empiecen a cortar desde las raíces las famosas cadenas de favores que en lugar de beneficiar al pueblo sólo alimentan las arcas de empresarios, sindicalistas, asociaciones profesionales, militares y policías retirados, legisladores, jueces, fiscales, etc., “y en un mismo lodo todos manoseaos”?
Por último, no olvidar que la continuidad de todos los mencionados precedentemente depende de la sobrevivencia de sus contrarios o presuntos oponentes. El gobierno de la oposición, la justicia de los infractores a las leyes, la policía de los criminales, etc., etc.
Como decía Ortega y Gasset, “La mentira sería imposible si el hablar primario y normal no fuese sincero. La moneda falsa circula sostenida por la moneda sana. A la postre, el engaño resulta ser un humilde parásito de la ingenuidad”. (1)
 
 
“Cuando se alza un poder ilegítimo, para legitimarlo basta reconocerlo.” – Anatole France – (1844-1924)
 
(1) “La rebelión de las masas” – José Ortega y Gasset

 

Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *