SUBSIDIO O TRABAJO

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Subsidio o TrabajoEsta puja obscena que nos persigue a los argentinos desde 1983, no ha hecho más que someter a vastos sectores de nuestra sociedad a la afrenta de la dádiva y al yugo del soborno; y en ella han tenido especial participación empresarios, sindicalistas y el ojo errático de los organismos de control del Estado.

Después de Caseros la Patria fue sometida a los vaivenes hormonales de una cáfila de politicastros, economistas y justicieros de ágora, que en ciento cincuenta años, salvo algún efímero período, no nos han dado tregua ni respiro como para permitir a generación alguna planificar su existencia en el mediano plazo.
Escribía el ‘venerado progresista’ Juan Bautista Alberdi en 1852, “…los intereses económicos, que son los intereses vitales de esta América, y la aptitud de constituir convenientemente una República esencialmente comercial y pastora como la Confederación Argentina. La patria debe mucho a sus nobles corazones y espíritus altamente cultivados en ciencias morales; pero más deberá en lo futuro, en materias económicas, a simples comerciantes y a economistas prácticos, salidos del terreno de los negocios”. (1)
Recordemos que éste fue el inspirador del texto de la Constitución Nacional de 1853.
Así le ha ido a la Argentina virgen y promisoria, sometida al dominio de las potencias coloniales de ultramar primero y a la de la propia América septentrional luego, las que a su arbitrio demostraron a nuestra nación, con pretensiones soberanas, que la libertad tenía un precio demasiado alto; i.e. ser un pagaré sin fecha de vencimiento.
El siglo 20, puso en superficie, y sin cortapisas, los poderosos intereses económicos en disputa de quienes iban a ratificar sus esquemas de dominación – en plena carrera armamentista – y que no escatimaron en gastos para erigirse en auténticas potencias beligerantes e imponer a sangre y fuego sus insaciables ambiciones. La posguerra (de la 2ª Guerra 1939/45), con su solapada continuidad denominada Guerra Fría, estableció las reglas de una nueva división internacional del trabajo bajo la tutela, ya no de los gobiernos de las potencias vencedoras, sino de los concentrados grupos económicos que se habían beneficiado con su resultado.
La guerra deja mucho horror y sangre, pero también mucho dinero en manos de unos pocos. Decía Thomas Jefferson: “Considero que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que las fuerzas militares. Si los ciudadanos americanos permiten a los bancos privados controlar la moneda, primero mediante la inflación, y después mediante la deflación, la banca y las corporaciones que proliferen alrededor (de los bancos) despojarán a los ciudadanos de toda la propiedad hasta que sus hijos se queden sin casas en un continente que conquistaron sus padres y a quienes pertenece todo lo que haya alrededor”. (2)
La Argentina no escapa a las generales de la ley, y vemos como hoy lucran sobre la ciudadanía una verdadera banda de extorsionadores orgánicamente conformados.
Las corporaciones empresarial y sindical, apañadas por la venal corporación política y los gobiernos de turno con su morboso juego electoralista y demagógico, no hacen más que abrumar a los cada vez menos trabajadores activos. 
El progresismo que antaño fuera una aspiración del liberalismo y hogaño un eslogan de una social-democracia sui géneris, – como la que dice defender Stolbizer y los Massa’s boys -, ha sido la paulatina desaparición de puestos de trabajo y el agostamiento de la dignidad del hombre al no poder ganar el pan con su propio esfuerzo y tener que depender de la dádiva ruin del gobierno de turno y, eventualmente, de la Iglesia connivente, que sólo atina de espetar diagnósticos sermoneados pero no a aportar soluciones prácticas, más allá de la caridad limosnera.
Es paradójico ver como hoy, esa misma Iglesia se erige en juez y punidor sin un mea culpa evangélico Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás”. (Génesis 3.19)
“El asunto es difícil de tratar y no exento de peligros. Es difícil realmente determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo. Es discusión peligrosa, porque de ella se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad y para incitar sediciosamente a las turbas. Sea de ello, sin embargo, lo que quiera, vemos claramente, cosa en que todos convienen, que es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores”. [Carta Encíclica “Rerum Novarum” – Papa León XIII (1891)]
“…Si en el presente documento volvemos de nuevo sobre este problema – sin querer por lo demás tocar todos los argumentos que a él se refieren no es para recoger y repetir lo que ya se encuentra en las enseñanzas de la Iglesia, sino más bien para poner de relieve – quizá más de lo que se ha hecho hasta ahora – que el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Y si la solución, o mejor, la solución gradual de la cuestión social, que se presenta de nuevo constantemente y se hace cada vez más compleja, debe buscarse en la dirección de “hacer la vida humana más humana”, entonces la clave, que es el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y decisiva”. [Carta Encíclica “Laborem Exercens” – Papa Juan Pablo II (1981)].
Como podemos apreciar, en los párrafos citados de ambas Cartas Encíclicas, la cabeza de la Iglesia, no ha hecho mucho más que críticas y sugerencias, pero ayuda efectiva para mejorar – a través del trabajo – la calidad de vida de los sectores sociales más desprotegidos, ninguna. Hoy se repite el mismo fenómeno, con el Episcopado argentino y el mentado Observatorio de la deuda social de la UCA, que publica encuestas de dudosa factura y resultados equívocos.
Por último, es raro que estando a la cabeza del Vaticano un jesuita, la cuestión laboral no pase de ser una sistemática aunque inocua denuncia.
Las políticas sociales y laborales de los jesuitas durante la colonia en América meridional, sin duda que han sido abandonadas y ya no queda bien relicto alguno, habiéndose convertido la institución eclesial doméstica en una especie de usina de querellas en el vacío.
Es casi una obviedad que la misma Iglesia se ha vuelto connivente con un empresariado cada vez más codicioso y simultáneamente más avaricioso, que no sólo reduce las plantas de trabajadores sino que además coadyuva, con los menores costos posibles, a llenar la bolsa de limosnas a entregarse como subsidios a los desocupados.
Suele decirse que “la historia se repite cíclicamente”, en distintos ámbitos y con personajes diferentes; y es posible que así sea, porque lo que hoy estamos viendo en América Latina y especialmente en nuestro país, es una vuelta al feudalismo, otrora despreciado por los abusos que se cometían en nombre de un poder asaltado por la fuerza del señorío guerrero.
Como pretendida equilibrante, aparecen los pequeños dictadores bananeros, que en nombre de sus exiguas y acotadas visiones personales, se enancan en ideologías obsoletas para reivindicar sus propias carencias personales, encolumnando tras de sí a la masa huérfana de futuro y sometida al escarnio de la dadiva indigna, mas no para dar soluciones genuinas al ocio humano cada más más excesivo por la mayor tecnologización del trabajo y la menor requisitoria de mano de obra.
Decía el pensador Dr. José Ingenieros: “¿Y es admisible que ciertos hombres, no siendo los más ilustrados ni los más morales, tengan el derecho de administrar los frutos de la inteligencia y del trabajo de todos, como si la sociedad tuviera que seguir pagando un impuesto feudal a esas gavillas de bandoleros que han abandonado los caminos y las montañas para refugiarse en las ciudades? ¿Y no prueba una incapacidad moral del mayor número, esa misma posibilidad de que unos pocos picaros puedan sobreponer su actividad maléfica a la necesidad social de encaminarnos hacia la solidaridad, por el estudio y por el trabajo?” (3)
La Constitución Nacional, expresa en su artículo 75º: Corresponde al Congreso:
18. Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, (…), y promoviendo la industria, (…), la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros (…), por leyes protectoras de estos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo.
Art. 19. Proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social, a la productividad de la economía nacional, a la generación de empleo, a la formación profesional de los trabajadores, a la defensa del valor de la moneda, a la investigación y al desarrollo científico y tecnológico, su difusión y aprovechamiento.
Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones. Para estas iniciativas, el Senado será Cámara de origen”.
No hay más que leer los diarios de sesiones de ambas cámaras de la manzana de la corruptela, para informarse de qué se ocupan los “honorables” legisladores mentidos representantes del pueblo de la nación y mentidos representantes de los Estados provinciales.
Pero todos ellos han aprendido y aprehendido el mismo eslogan, la necesidad de los planes sociales ante la falta de inversiones de capitales vernáculos y foráneos. Es claro que debido a la requisición de “coimas” descomunales y a la falta de cumplimiento de las leyes por parte de propios y ajenos, difícilmente haya inversores externos con intención de apostar a un emprendimiento productivo en nuestro país; salvo aquellos que saben especular, los llamados inversores de riesgo, que – como el predador – esperan pacientemente a su presa hasta que la tienen servida para someterla. Estos son los que pretenden que las presuntas riquezas de nuestro subsuelo en Vaca Muerta (Neuquén), se pongan como garantía.
El esfuerzo por satisfacer las necesidades básicas y pensar que hay posibilidades de vivir mejor, sólo se puede lograr con trabajo, que en definitiva es lo que dignifica la vida del hombre.
 
“La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices” Albert Einstein (1879-1955)
 
 
(1) Juan B. Alberdi – “Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina” (1852)
(2) Thomas Jefferson (1743-1826)
El sistema de la banca nosotros lo hemos reprobado por igual. Yo lo contemplo como un borrón en todas nuestras constituciones, que, si no se protegen, terminará en su destrucción, ya que ya están siendo golpeadas por los jugadores corruptos, y está arrasando en su progreso, la fortuna y la moral de nuestros ciudadanos.
(3) José Ingenieros – “Hacia una moral sin dogmas” – (1917)

 

 

 

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