1982 – 2 de abril – 2017

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Bandera Malvinas 001Así como terminaron pasando al olvido otras fechas trascendentes para nuestra nacionalidad, como el 03/06/1770 (nacimiento de Manuel Belgrano); el 25/02/1778 (nacimiento de José de San Martín); 23/09/1778 (nacimiento de Mariano Moreno); 12/08/1806 (reconquista de Buenos Aires de manos de los invasores británicos); 07/07/1807 (defensa de Buenos Aires de la segunda invasión británica al Río de la Plata); 27/02/1812 (creación y jura de la Bandera Nacional a cargo del Gral. Manuel Belgrano); 20/02/1827 (cuando se libró la decisiva batalla de Ituzaingó contra el Imperio del Brasil y sus socios británicos); 20/11/1845 (combate de la Vuelta de Obligado en las barrancas del río Paraná para detener a los invasores británicos), etc.; no es de extrañar que nuevamente los “compromisos comerciales internacionales” hagan lo propio con el 02/04/1982, fecha del desembarco de nuestros soldados en las Islas Malvinas, recuperando parte de nuestro territorio usurpado por una de las potencias dominantes durante el siglo 19.

Los hechos de nuestra historia nacional no son negociables, y menos aún, revocables por aviesos relatos acomodados a las conveniencias de los gobernantes de turno. Desde ya que mucho menos como añagazas para promover la adhesión de una franja de nuestra juventud desorientada y falta de referentes, que sólo idolatra figuritas con pies de barro, siempre y cuando estén de moda, y sean debidamente promocionados por la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio.
No voy a caer en atavismos propios de dogmas religiosos decadentes o de adoradores de becerros de oro, pero así como el judaísmo no deja un solo año de recordar el genocidio acaecido durante la primera mitad del siglo 20 (sólo a manos de los fascistas pero jamás de los rusos en sus mentados pogromos, por mencionar solamente dos); y tampoco las mamás y nonas pañueleras abandonan su corrosiva y degradante prédica en contra de las FF.AA., FF.SS. y de todos aquellos que no participan de su delirante ucronía; también las instituciones del Estado deberían sostener la vigencia de momentos trascendentes por la impronta que dejaron en los anales de la patria.
Como parte de esa epopeya malvinera, me siento en la necesidad y obligación de recordarles el significado de la recuperación de nuestras Malvinas, que para el sentimiento de la inmensa mayoría de los argentinos fue bien distinto al que le dieron los profetas del odio que lo aluden relacionándolo bastardamente con los delirios de un militar alcohólico y sus adláteres ‘guerreros de mesa de arena’.
Dejando de lado la inquina, por no habernos dado cuenta a tiempo de que esta guerra fugaz había sido organizada por el mismo enemigo al cual fuimos a combatir y echar de nuestras Islas, en connivencia con el departamento de Estado de USA, que sólo tenía por objeto darle a Gran Bretaña el motivo para que justificara – como presunta víctima de la agresión argentina – la posesión del archipiélago (circunstancia plasmada en la Rs CS 502-1982 ONU) e iniciara con el correr de los años una explotación de los recursos naturales en el mar continental argentino porque la British Petroleum estaba en serios problemas dado que su mapa productivo había sido seriamente comprometido por la guerra Irán – Irak (1980/1988).
Además le daba algo de oxígeno a la dictadura cívico-militar (1976/83) que estaba en franco retroceso ante los excesos cometidos durante la represión y las medidas económicas internas que afectaban seriamente al conjunto de la sociedad argentina.
Como he dicho en más de una oportunidad, toda esta cruenta puesta en escena fue quedando al descubierto en la medida en que se empezaban a conocer detalles impensados, tales como: el maratón televisivo de 24 horas encabezado por personajes de la farándula y del periodismo argentino para darle sustancia al Fondo Patriótico Malvinas Argentinas, cuyo destino, aún hoy, resulta un enigma. En cada municipio de nuestro país se recolectaba plomo y cobre para presuntamente fabricar municiones que iban a ser destinadas al frente de batalla. Esto puso en superficie los niveles de improvisación para una guerra totalmente desigual entre un país sin experiencia bélica desde la ignominiosa Guerra del Paraguay (1864/1870), es decir una centuria de vacío que jamás habría podido ser ocupado por soldados conscriptos de 19 años (como los enviados por USA a la guerra en Vietnam), con una preparación paupérrima, que no tenían ni el armamento ni la ropa adecuados para esa geografía/clima, y donde la mayoría de ellos no habían siquiera disparado una munición real.
Con jefes, oficiales y suboficiales que la única capacitación que habían recibido era la de antecesores con experiencia nula y que sólo habían sido entrenados en la lucha contrarrevolucionaria, pero jamás en una guerra convencional. Mucho menos para enfrentar a las fuerzas armadas más entrenadas y con amplia experiencia en combate que constituían la élite de la OTAN en Europa.
Se reeditaba lo acontecido cuatro años antes (1978) cuando se estuvo a minutos de iniciar una guerra con Chile por presuntos diferendos limítrofes con el país vecino, cuando en realidad era para darle un motivo similar a Gran Bretaña (aliado incondicional de Chile) para solidarizarse con ellos e ir por toda la Patagonia Argentina.     
Por los servicios prestados a SMB, Doña Isabel II lo protegió a Augusto Pinochet Ugarte cuando era buscado por la Justicia trasandina por delitos contra la población  civil.
Pero nada de esto debe afectar el sentimiento sincero del pueblo argentino que con profundo fervor acompañó – cada cual a su manera – esta gesta patriótica que, aunque a la postre haya resultado un engaño con beneficio de inventario para las potencias dominantes, no modifica un ápice nuestro recuerdo por quienes ofrendaron sus vidas en tierra y mar malvineros, desde el Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino hasta el soldado conscripto Jorge Águila.
Tampoco dejemos que cada gobierno de turno “use” este acontecimiento tan caro a nuestros sentimientos patrióticos para obtener algún beneficio non sancto.
Es así como los momentos de crisis sirven para poner en evidencia quién es quién, esta guerra por la recuperación de nuestro territorio usurpado nos abrió los ojos para ver claramente qué son las Naciones Unidas y su fraudulento Consejo de Seguridad, la OEA – un remedo de la ONU con tufillo a complicidad con el poder dominante -, nuestros propios vecinos latinoamericanos (esos mismos que antaño y hogaño llenaban y llenan sus bocas parloteando sobre la Patria Grande), y cuál es el respeto de quienes suscribieron los tratados internacionales (T.I.A.R. – Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) o la misma Doctrina Monroe que tantas veces fue violada y mancillada por Estados Unidos de Norteamérica.
GLORIA A NUESTROS COMBATIENTES EN LA GUERRA POR LA RECUPERACIÓN DE NUESTRO SUELO PATRIO.
SIN EUFEMISMOS Y RESENTIMIENTOS.
MARCHA DE LAS MALVINAS
(Letra de Carlos Obligado – Música de José Tieri)
Tras su manto de neblinas,
no las hemos de olvidar.
“¡Las Malvinas, Argentinas!”,
clama el viento y ruge el mar.
Ni de aquellos horizontes
nuestra enseña han de arrancar,
pues su blanco está en los montes
y en su azul se tiñe el mar.
¡Por ausente, por vencido
bajo extraño pabellón,
ningún suelo más querido;
de la Patria en la extensión!
¿Quién nos habla aquí de olvido,
de renuncia, de perdón? …
¡Ningún suelo más querido,
de la patria en la extensión.
¡Rompa el manto de neblinas,
como un sol, nuestro ideal:
“Las Malvinas, Argentinas
en dominio ya inmortal”
! Y ante el sol de nuestro emblema,
pura, nítida y triunfal,
brille ¡oh Patria!, en tu diadema
la perdida perla austral.
Coro
¡Para honor de nuestro emblema
para orgullo nacional,
brille ¡oh Patria!, en tu diadema
la pérdida perla austral.
“Los países son expresiones geográficas y los Estados son formas de equilibrio político. Una Patria es mucho más y es otra cosa: sincronismo de espíritus y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria. Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay Patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedará en mitad del camino contando sus talegas. La Patria está implícita en la solidaridad sentimental de una raza y no en la confabulación de los politicastros que medran a su sombra”. (“El hombre mediocre” José Ingenieros).
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