CÁFILA DE FUNÁMBULOS

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CÁFILA DE FUNÁMBULOSPobres de mis conciudadanos que reciben cotidianamente el fárrago de noticias y desinformación desde la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio. 
Como vengo afirmando desde hace más de cuatro décadas, los gacetilleros sólo ven el signo monetario detrás de cada pasquín que ponen en circulación o de cada programa político-farandulero de radio y/o televisión que lanzan al éter.

No sólo los medios adictos al régimen recientemente depuesto, como C5N, Crónica, Radio Continental, Página 12, etc.; también aquellos que se mostraban cual severos críticos del mismo, como el grupo del muñequito acarminado y sus satélites, América TV, Perfil y otros.
Estos mismos mesnaderos que le hacían hervir la sangre a la población no kirchnerista hasta hace seis meses, hoy se han tornado pro-régimen K criticando sin fundamento y maliciosamente cada cosa que hace el nuevo gobierno.
Saturaron el ambiente con el caso Lázaro Báez y desviaron la atención sobre CFK, Cristobal López, Timerman, la muerte de Nisman, y otras tantas causas en manos de magistrados de dudosa moral.
Pero esto no es todo, para fortalecer su feble postura frente al oficialismo actual, ponen en tapa a los más conspicuos referentes del depuesto régimen y a otros funámbulos  que necesitan de estos medios para sostenerse fuera del anonimato; como los casos de muchos ex funcionarios, y de nada menos que la “socialista de cátedra” Beatriz Sarlo, una pacata ‘fast thinker’  que trashuma por cuanto medio le da lugar para verter una rara mezcla de acíbar y diletantismo propio de quien ha llegado a cierta edad y aún permanece en una abrumadora adolescencia cognitiva. 
Pero la caterva de opinólogos no queda circunscripta a este selecto grupo, porque también los Fontevecchia, que poco se diferencian de los Verbitsky, abonan, con su delivery de tautologías, la incertidumbre de la ciudadanía que está siendo arreada hacia un callejón sin salida.
Junto a estos también se sitúan los ex periodistas deportivos devenidos en «estadistas», como Nelson Castro, Adrián Paenza, Víctor Hugo Morales, Alejandro Fantino, Guillermo Marconi, que a fuerza de permanencia frente a una cámara y/o micrófono se han auto-convencido de que el público les ha otorgado patentes de corsarios.
También se hallan en la misma nave, los inefables Micheli y Yasky, los «sindicalistas sin personería» que al mejor estilo trotskista han hecho de la confrontación un hábito, contando con su ariete de batalla, el changarín de la educación bonaerense Roberto Baradel, el que tantos lockout le ayudara a organizar al motonauta felpudo durante su desgobierno, para presionar a los K por mayores aportes a la provincia.    
Como broche dorado para este mamarracho canibalístico tenemos, por un lado las dubitativas conclusiones del observatorio de la ‘deuda social’ de la Pontificia Universidad Católica Argentina, una especie de INDEC paralelo pergeñado por la curia vernácula para justificar las temerarias afirmaciones diagnósticas de la Conferencia Episcopal; y, por otro, el mensaje de esta última adhiriendo, sin hesitar, a cada acción o expresión feliz, o no tanto, del amigo Bergoglio, como por ejemplo justificando la visita de la vesánica Hebe o el anunciado encuentro con intendentes peronistas en el Vaticano.
La actitud del cardenalato doméstico con el Papa, me recuerda a la del periodismo de los ochenta y noventa con Maradona, al cual lo erigieron en un  semi dios y cada cosa que hacía o decía era festejada como una genialidad.
Algo parecido está sucediendo con el empinado Messi, un muchachito dotado de cierta habilidad para jugar a la pelota al cual están endiosando y, por tanto, le toleran hasta que sea un evasor de impuestos en el mismo país donde sacia su apetito primario.
Sin lugar a dudas, “en el país de los ciegos, el «tuerto» ha sido rey (de bastos) y la «exitosa abogada» reina (de copas)”.
Y en el país de la mediocracia, la canalla mediática hace su otoño de la mano de la aljama plumífera y le da letra al gregal de corifeos.
 
“Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan. Lo que antes era signo de infamia o cobardía, tórnase título de astucia; lo que otrora mataba, ahora vivifica, como si hubiera una aclimatación al ridículo; sombras envilecidas se levantan y parecen hombres; la improbidad se pavonea y ostenta, en vez de ser vergonzante y pudorosa. Lo que en las patrias se cubría de vergüenza, en los países cúbrese de honores”. José Ingenieros (1877-1925)

 

 

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