SOCIEDAD DIVIDIDA Y ENFRENTADA

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SOCIEDAD DIVIDIDA Y ENFRENTADASeguimos asistiendo al peor de los escenarios que pueden aquejar a una sociedad, cual es el de hallarse dividida y enfrentada a través de las acciones de politicastros o grupúsculos de facciosos que alimentan su egoísmo y engordan su mediocridad solazándose con las disputas entre ciudadanos en defensa de ‘nadie sabe bien qué’ supuesto ideal o timo.
Esta versión snob de guerra civil embozada, alentada por un renovado caudillismo de antaño que en nada se compadece con el declamado respeto a las instituciones de la república, lo único que logra es ahondar aún más las exacerbadas diferencias sociales y llevarnos al borde de la anarquía.
La existencia de caudillos en los tiempos previos a la etapa de la sanción de la constitución nacional (1853), era previsible y hasta justificable porque los desaguisados del porteñismo y sus visiones más europeizantes que americanistas y más unitarias que federales no daban margen de acción a los pueblos del resto de la confederación que sobrevivían a expensas de ingentes esfuerzos viendo como el facilismo aduanero que acariciaba el puerto de Buenos Aires y su entorno comercial se quedaban con sus ilusiones.
Similar situación se producía hasta la mitad del siglo 20, cuando ese mismo caudillismo, ya parroquial, era el que manipulaba la voluntad popular para poner gobiernos con total discrecionalidad a través de elecciones fraudulentas y/o con golpes de Estado cívico-militares cuando las necesidades económicas lo demandaban.
Hoy es lamentable observar a los hozadores de alcantarilla, ex funcionarios del régimen depuesto en las últimas elecciones o a las mismas sempiternas excretas apoltronadas en el Congreso Nacional, seguir avivando la llama de la discordia social al punto de que la ciudadanía debe autoimponerse una cierta mordaza para evitar confrontaciones públicas y/o privadas con final abierto.
Estos mismos bribones, acicatean a la hez de la militancia pugnante para violentar la libre circulación en calles, rutas y hasta en edificios públicos con el soslayo, por parte de la autoridad pertinente, de la aplicación del mentado y jamás puesto en práctica Protocolo Anti-piquetes estentóreamente anunciado por la incompetente funcionaria Patricia Bullrich y avalado por el silencio cómplice del mismo presidente Macri, que entre bambalinas decidió no aplicarlo para no ver reducida su popularidad con un costo político limitado a su propia persona mas no a todos los que cotidianamente debemos sufrir estas cuestiones como si continuásemos gobernados por el régimen.
Pero seguramente muchos de estos temas tendrían menor impacto y, consecuentemente, exiguos daños, si la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio no apostase a la fétida y agraviante práctica de lanzar heces al éter por un lado, y pretender erigirse en poder parajudicial por otro, especialmente cuando denuncia/acusa, virtualmente juzga y termina condenando a través del escrache mediático, con lo cual logra una importante influencia sobre los ‘justicieros’ que, a no dudarlo, quieren gozar y disfrutar de su minuto de fama siendo tapa alguna vez en su soterrada vida judicial.
De este circo instrumentado por los medios más importantes y repicado por los chupones diseminados en toda la geografía nacional que se nutren de sus migajas y retroalimentan al cuarto poder hasta convertirlo en la actual quinta columna, participan activamente muchos colaboracionistas enquistados en lugares estratégicos para obtener información que (¿gentilmente «$$$»?) ceden a encumbrados plumíferos que sin escrúpulos de naturaleza alguna difunden masivamente ensuciando causas o embarrando expedientes judiciales, mientras forman opinión tras la cual enfilan los mediocres sin criterio propio que propalan el mensaje de los mercenarios como si se tratase del producto de su intelecto.  
Esencialmente la corporación del muñequito acarminado y sus satélites se han vuelto más primicieros que el propio medio que solía estar ‘junto al pueblo’, y sus gacetilleros hacen gala de recibir información hasta de expedientes en causas judiciales que se hallan bajo secreto sumarial.  
Respecto de tales graves cuestiones, los ministros de la Corte Suprema de Justicia mantienen ‘silenzio stampa’; sin duda que las usinas instaladas por el régimen depuesto y sus contrapartes actuales no han sido alcanzadas por las purgas macristas y siguen filtrando información fuera de los tribunales.
El desarrollo contra natura de esta sucesión de acontecimientos agrega mayor incertidumbre, más aún cuando la prensa publica como noticias la interesada opinión de la editorial y sus asalariados mesnaderos, y esta parafernalia pre-digerida es regurgitada a través de los medios no ya como crónicas sino como ucronías.
Sin lugar a dudas, también agregan combustible a la hoguera de las bajas pasiones donde se entremezclan todos los males, la resaca de los medios K, básicamente C5N y paradójicamente el mismo canal del Estado, donde aún siguen blasfemando con su habitual diatriba, la futura visitante del abstruso papa Bergoglio y el payaso de los números, entre otros.      
Escribía el pensador francés: “Introdujéronse las intrigas, formáronse facciones, agriáronse las relaciones entre los partidos, las guerras civiles se encendieron y se sacrificó, en fin, la sangre de los ciudadanos en aras del pretendido bienestar del Estado, exponiéndose a caer de nuevo en la anarquía de los tiempos anteriores. La ambición de los principales se aprovechó de estas circunstancias para perpetuar en sus familias sus cargos; el pueblo, ya acostumbrado a la dependencia, al reposo y a las comodidades de la vida, y sin medios ya de romper sus cadenas, consintió en dejarse aumentar su esclavitud para afirmar su tranquilidad, y así los jefes, convertidos en hereditarios, acostumbráronse a considerar su magistratura como un bien de familia, a conceptuarse a sí mismos como propietarios del Estado, del cual no eran más que los servidores; a llamar a sus conciudadanos sus esclavos; a contarlos como reses, en el número de cosas que les pertenecía y a llamarse ellos iguales a los dioses y reyes de los reyes”.(1)
Tal es la cantidad y calidad del tósigo que corrompe la consciencia social, que la ciudadanía está dejando de resistirse al sometimiento cotidiano, lo cual es un mal presagio, porque de persistir en esta actitud quedaría el campo orejano para que se reinstalen ideologías ya fracasadas en nuestros jóvenes doscientos años de nación independiente.
Hoy pensar es sinónimo de daño moral, porque para la mayoría de los argentinos, correr el velo de la ignorancia malsana es tener que reconocer que no sabemos elegir a quienes nos deben administrar por imposición constitucional.
“Imagínese una casa en cada uno de cuyos pisos – subsuelo, planta baja, primer piso – se alojaran distintas clases de habitantes y que entonces se comparara la vida en esa casa: en tal oportunidad veríase preferir todavía – tristeza ridícula – a la mayoría de las gentes el subsuelo en esa casa propia. Todos somos una síntesis con destino espiritual; es a nuestra estructura; ¿pero quién no quiere habitar el subsuelo, las categorías de lo sensual? El hombre no sólo gusta vivir allí de la mejor manera posible; gusta de ello a tal punto, que se enoja cuando se le propone el primer piso, el piso de los amos, siempre vacío y que le aguarda, pues después de todo la casa entera es suya. Sí, estar en el error es lo que menos se teme,…”. (2)
Nuestra sociedad no sólo se halla dividida por razones políticas o económicas, también se encuentra debilitada espiritualmente, esencialmente por un desequilibrio emocional producto de su pendular afición a alguno de los dogmatismos dominantes o al escepticismo más crudo, siempre rozando el fanatismo.
Confiar a ciegas en el hombre puede resultar tanto peor como descreer hasta de sí mismo. La dificultad está en lograr cierta armonía emocional, y se hace más profunda cuanto más nos apremian las circunstancias. Nuestra sociedad ha sido llevada a una vorágine tal que rehúsa dedicar tiempo a pensar y tomar decisiones con buen criterio.
 
“La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio. Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio”. (3)

 

(1) “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres” – Jea-Jacques Rousseau – (1755)

(2) “Tratado de la desesperación” Sören Aabye Kierkegaard – (1849)

(3) Miguel de Unamuno y Jugo – (1864-1936)

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