PRESIDENCIALES 2015

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PRESIDENCIALES 2015¡La suerte está echada!; en el hipotético caso de que se llegase a una segunda vuelta en las presidenciales de octubre, entre Mauricio Macri y Daniel Scioli, el locuaz tigrense y su tropa sumarán sus votos al sciolismo.
Ya sucedió en las elecciones de 2003, cuando la marea seudo justicialista se presentó con tres listas colectoras (Ménem-Romero, Kirchner- Scioli y Rodríguez Saá-Posse), para no ceder un ápice del poder que había consolidado Eduardo Duhalde después del estrepitoso fracaso de la parodia gubernamental de la Alianza.  

Como ya anticipara en uno de mis artículos anteriores, el Frente Renovador es un apéndice más de esta cáfila de fingidos legatarios del ideario del desaparecido líder justicialista Juan Domingo Perón.

El pacto de continuidad e impunidad ha sido sellado entre CFK, Scioli, Massa y Rodríguez Saá, con lo cual, las posibilidades del jefe de gobierno porteño de llegar a la primera magistratura son escasas o nulas.

Sólo una convocatoria efectiva a electores del resto del espectro político, desde independientes hasta algunos desengañados del oficialismo, más la tropa del GEN, del Frente de Izquierda y de la diáspora radical, podrían dar un poco de aire al Frente Cambiemos.
Pero como en esta bendita Argentina abundan los «perros del hortelano», sería casi un sueño pretender que Doña Stolbizer y el acarminado del Caño arengaran a sus huestes para apoyar a Macri en un balotaje.
No es imposible, recordemos que anarquistas, socialistas, comunistas, conservadores, liberales, radicales y demócratas progresistas, conspiraron cruenta e impunemente para derrocar a Juan Domingo Perón en 1955 y a María Estela Martínez en 1976.
No hay que ser muy ducho en estas lides como para no darse cuenta de que el agua se va encauzando por ese lecho, porque el grupo ‘corneta’, principal detractor del oficialismo, está morigerando su política de confrontación con el sciolismo y ha decidido hacer leña del árbol caído, léase: cargar las tintas sobre el PRO (no tanto sobre sus aliados), haciendo del caso Niembro una cuestión de Estado.
Pero ya es habitual, lamentablemente, que la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio tenga en su balanza un fiel de gelatina que sólo con el más mínimo movimiento (¿financiero?), se inclina para el lado más conveniente (a los intereses del grupo mediático).
Al decir de Don Francisco de Quevedo, en su poema:
“Es galán y es como un oro,
Tiene quebrado el color,
Persona de gran valor,
Tan cristiano como moro;
Pues que da y quita el decoro
Y quebranta cualquier fuero,
Poderoso caballero
Es don Dinero”.
O más vulgarmente, como decía el organillero, que hacía bailar al mico al lado del instrumento, “por la plata baila el mono”, y así son el periodismo, las encuestadoras y las consultoras en la actualidad, si hay dineros hay operaciones para encumbrar o defenestrar al que sea.
No olvidemos que en el presente, cualquier arlequín denuncia mediáticamente y sin pruebas, y la prensa mercenaria se ocupa de juzgar y condenar según sus parámetros comerciales.
Sin ir más lejos, en el pasquín mitrista del 20/09/2015, aparece una declaración del impresentable Sergio Massa donde expresa “Si Macri se cae porque se robó 20 palos no es mi culpa” (sic); realmente penoso que utilice los mismos pérfidos y agraviantes métodos que el régimen imperante, aunque muy natural ya que no ha dejado de tener su sentido de pertenencia hacia la gavilla otrora liderada por usurero santacruceño, que fue quien lo puso en la carrera política (más allá de su suegro menemista), al igual que el delincuente de Anillaco hiciera 26 años atrás con el genuflexo motonauta-felpudo.
Considero que la mejor elección que podría hacer Macri es la de sumar la mayor cantidad de votos posible para nivelar las cargas en la Manzana del Oprobio (Entre Ríos, Rivadavia, Combate de los Pozos e Yrigoyen), en una palabra, minimizar los riesgos de una superioridad legislativa pro-régimen.
En los regímenes presidencialistas de las pendulares republiquetas americanas, el Poder Legislativo no suele ser el más preciado, todo lo contrario, es normalmente el más sometido o, como mínimo, el más desmedrado.
Sin dudas que resulta más relevante el Ejecutivo y en segundo lugar el Judicial, olvidando el hecho de que si no existiesen las Leyes y sus hacedores, sería de existencia nula el propio Estado y la sociedad se desenvolvería con las reglas de la selva, donde el más fuerte impone su pensamiento y el resto acata sin objeción.
En la época del absolutismo monárquico toda ofensa grave era considerada como de ‘lesa Majestad’, es decir que no atacaban a la sociedad de la cual formaba parte su autor, sino que se consideraban lesivas a la divina persona del príncipe o monarca.
El rey francés Luis XIV (1638-1715), espetaba «L’État, c’est moi» («el Estado, soy yo»), concentrando en su persona todo el poder institucional, en una palabra, la suma del poder público; en consecuencia, las normas vigentes bien podían ser aplicadas con absoluta discrecionalidad y también obligar a los legisladores a formular leyes a la medida del gobernante, ¡qué actual suena, verdad!
Recordemos que abundan ejemplos de pensadores que, entre los siglos XV y XVIII, debieron publicar sus ideas bajo el anonimato por sus justificados temores a las represalias de los monarcas de turno y sus amanuenses. Baste citar a Carlos Luis de Secondat Señor de la Brêde y Barón de Montesquieu (1689-1755) al momento de publicar en 1721 sus “Cartas Persas”; y a Cesare de Bonesana – Marqués de Beccaria (1738-1794) cuando hizo lo propio en 1764 con su “Tratado de los Delitos y de las Penas”.
En una verdadera república, el poder legislativo es el de mayor relevancia porque establece las normas que garantizan el efectivo cumplimiento del contrato social. Los otros dos poderes, el ejecutivo y el judicial sólo deben limitarse a exigir el cumplimiento de dichas normas el primero y a sancionar a quienes las incumplan el segundo. Ninguno de los dos poderes republicanos mencionados tiene facultades legislativas o puede considerarse más importante que el legislativo.
En este momento Mauricio Macri no es simplemente un candidato a Presidente, es quien tiene que equilibrar el sistema de fuerzas para que nunca más haya un Congreso con cámaras sometidas a mayorías con quorum propio.
Difícil tarea y su éxito nunca está garantizado porque los legisladores son emergentes de la misma sociedad de la cual han surgido quienes hoy gobiernan la Argentina.
 
“Nada nuevo hay bajo el sol, las trampas siguen siendo las mismas pero todos los días nace un ingenuo”
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