¿QUÉ DICE LA JUSTICIA?

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QUÉ DICE LA JUSTICIASeguimos asistiendo diariamente al consabido repertorio de acusaciones y justificaciones por parte de los más mediáticos politicastros, oficialistas y opositores, pero no por ello más saludables de conciencia.
El chaqueño parlanchín, lenguaraz de la Mesa Chica K, sigue dedicado al lanzamiento de bombas de humo para cubrir la retirada del régimen y justificar desde el púlpito a todos los integrantes de la banda sospechados de haber cometido ilícitos, descalificando a sus acusadores y/o informantes de organismos de contralor, respecto de las denuncias por presuntos delitos en el ejercicio de la función pública.
Es así que el predicador Kapitanich Popovich, ha salido a defender a la vesánica Hebe y su circunciso hijo putativo y pródigo, a la sazón socio en la orga inmobiliaria ‘Tarascas Oníricas’, desacreditando el informe suscripto por el vigilante Leandro Despouy, pope de la Auditoría General de la Nación. 
Pero como si ello no fuese suficiente, también asumió el amparo de la ‘honorabilidad’ y ‘buena fe’ de los acomunados Juan Manuel Abal Medina (Junior) y Alfredo Scoccimarro, quienes estarían involucrados en ‘malversación de fondos’ con cierta publicidad en Fútbol para Todos.
También lanzó un ataque frontal contra el Índice de Precios al Consumidor que una comisión legislativa informa y es elaborado por consultoras privadas, espetando que es ‘capcioso y un auténtico mamarracho’.
Días antes defendió al desbarrado Boudou, expresando que la prensa opositora lo persigue y que todo se trata de un linchamiento mediático.
Es más que evidente que este gárrulo, cumple acabadamente con similar función a la que desarrollaba el estercolero Caníbal Fernández cuando ostentaba el cargo de Jefe de Gabinete de ministros de SDM Cristina I, entre 2009 y 2011.    
Pero más allá de los desaguisados, torpezas, improperios y algún que otro agravio a personas o instituciones por parte del lenguaraz y su correlato con similares actitudes de la seudo oposición, lo realmente grave es desconocer “qué dice la Justicia de todo lo que ha salido y sale de la boca de acusadores, sicofantes, querulantes, delatores, alcahuetes y demás denunciadores públicos”.
¿Hasta dónde está actuando el Ministerio Público Fiscal, para iniciar de oficio  las acciones penales en relación a las denuncias públicas, si es que no se han formalizado ante la Justicia, de acuerdo al Art. 5º de la Ley 23984 (CPPN)?
De todo lo que se denuncia mediáticamente, ¿cuánto llega a constituirse en  expediente judicial porque alguna fiscalía actuó de oficio o porque algún tercero damnificado se constituyó en querellante?
¿Qué rol están desempeñando las Justicias federal y la ordinaria frente a esta catarata de acusaciones cruzadas?
No se trata aquí de violar algún secreto de un sumario, pero las acciones judiciales contra los delitos de acción pública, como están previstos en el Código Penal de la Nación Argentina, deben ser de conocimiento público y la sustanciación de las causas deben estar al alcance de la ciudadanía porque es la agraviada cuando los delitos son contra la Administración Pública (Arts. 237 a 281 bis)  y contra la Fe Pública (Arts. 282 a 302).
Tampoco se pretende alimentar el morbo de la comunidad al mejor estilo de los canales de televisión truculentos y frusleros; simplemente saber qué sucede con quienes han sido denunciados, es decir, tener certidumbre de que la Justicia está actuando, en lugar de alimentar dudas que sólo promueven desazón y frustración.
Lo que hay que exigirles, tanto a los burócratas del régimen, como a la seudo oposición, es que antes de denunciar a través de los medios, lo hagan ante la Justicia y con los elementos de prueba pertinentes.
Si luego lo quieren utilizar para su autobombo en la prensa amarillista y mercenaria de todo estipendio, ya es harina de otro costal, porque convengamos que a los plumíferos les interesa mucho más el dinero que harán con la denuncia mediática en sí, que lo que percibirán cuando aquella llegue a tribunales y se convierta en causa judicial, debido a que en nuestro país, los expedientes donde hay involucrados funcionarios o ex funcionarios del gobierno, que de por sí manejan información peligrosa para los intereses del poder, terminan en vía muerta o con sobreseimientos de dudosa factura.
Sin ir más lejos, acaban de sobreseer en la causa de Río Tercero al delincuente de Anillaco, posiblemente como retribución por los servicios prestados como verdadero «as en la manga» del monto-kirchnerismo en el Senado de la Nación.
Algo parecido pasó con el autogolpista del 2001, el turulato De la Rúa, en la causa por corrupción en el Senado (Banelco) y los muertos del 21 de diciembre.
Conviene recordarle a nuestra sociedad, tan ligera de memoria histórica, que sólo dos presidentes argentinos que fueron tapizados en denuncias durante su gestión, por la oposición propia y ajena, terminaron en la cárcel de la Isla de Martín García: Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi. Otros gobernantes terminaron en el exilio, como Bernardino Rivadavia, Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón; o asesinado como Manuel Dorrego.
Ninguno de los que gobernaron oprobiosamente el país durante la Década Infame (1932/43), fueron juzgados (Gral. José Félix Uriburu, Gral. Agustín Pedro Justo, Dr. Roberto Marcelino Ortiz – murió a poco de renunciar – y Dr. Ramón Antonio Castillo); tampoco los sediciosos de 1955 (Gral. Eduardo Lonardi – fallecido cuatro meses después de su renuncia -, Gral. Pedro Eugenio Aramburu – asesinado por la banda subversiva Montoneros el 1º/06/1970 – y Alte. Isaac Francisco Rojas); los de 1962 (Tte. Gral. Raúl Poggi, Brig. Gral. Cayo Alsina, Alte. Agustín Penas y Dr. José María Guido – presidente provisional luego del derrocamiento de Frondizi-); ni los de 1966 (Gral. Div. Julio Rodolfo Alsogaray, Tte. Gral. Pascual Pistarini, Alte. Benigno Varela, Brig. Gral. Adolfo Álvarez,  Gral. Juan Carlos Onganía, Gral. Roberto Marcelo Levingston, Gral. Alejandro Agustín Lanusse) y los cabecillas civiles que alentaron todos los golpes de Estado y colaboraron con los usurpadores del gobierno en beneficio propio.
Decía Nietzsche, “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”. 1  
Esta es la imagen de nuestra Justicia hoy, ha terminado escrutada y domesticada por los mismos monstruos que debió juzgar en lugar de apañarlos y protegerlos con fallos ignominiosos o elusiones espurias.   
 
“Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento”.
 
 
1 Friedrich W. Nietzsche – “Más allá del bien y del mal” – 1886
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